"Se movía, yo podía tocarla desde afuera a través de la piel de mi abdomen. Era dura y así de larga", dijo la mujer indicando con sus dedos una medida aproximada de 3 o 4 centímetros. Es de Angaco y afirma que después de una cesárea practicada en el Hospital Rawson, le dejaron adentro una aguja de cirugía e hilo de sutura, en un caso de presunta mala praxis. Por ese motivo la debieron operar un mes después en el centro de salud de Angaco. Y los médicos que la intervinieron allí dicen que no le sacaron una aguja pero sí un trozo de hilo que le había provocado una infección.

Asustada por las posibles consecuencias que su relato pueda tener en el futuro, ella se negó a dar su nombre y mayores detalles de lo que le pasó. "Imagínese, yo no tengo más remedio que hacerme atender acá en Angaco. ¿Y si después no me quieren atender a mí o a mis hijos, o me atienden mal, por lo que pasó?", dijo con temor. De sus pocas palabras se puede reconstruir el relato de la historia que comenzó a fines de mayo de este año, cuando fue a dar a luz a su sexto hijo en el Hospital Rawson. "Los otros fueron por parto normal, pero con éste me hicieron cesárea. Por eso, yo no sabía muy bien si lo que estaba sintiendo era normal o no, porque nunca había tenido antes una cesárea", dijo.

Lo que estaba sintiendo no era otra cosa que pinchazos y molestias cada vez que se agachaba o se acostaba sobre su lado izquierdo y la sensación extraña de que algo no estaba bien. Ese algo era un objeto duro, punzante, que se movía de un lado a otro y que incluso se podía palpar a través de la piel, contó. Las molestias se intensificaron al punto que la mujer consultó en el Hospital Alfredo Rizzo Esparza, de Angaco, donde le extrajeron el cuerpo extraño que tanto la atormentaba. "Había un hilo de color azul y una aguja. Tuvieron que hacerme un tajito para sacarla y después, me curaron. Ahora por suerte ya estoy bien y no quiero saber más nada del tema, porque ya se terminó", dijo categóricamente.

Mientras desde la oficina de prensa del Hospital Rawson se informó de manera oficial que no tenían datos acerca del caso, simplemente porque la paciente no lo había denunciado. Por otro lado, en el Hospital Rizzo Esparza dijeron que el caso sí existió, pero con otros ribetes: "No se trató de una aguja, sino de un hilo de sutura que se había infectado", dijo Luis Roca, director de ese centro de salud. El médico apuntó que la mujer había sido atendida por el cirujano Pablo Arroyo, quien le había retirado el hilo en cuestión y la había curado. "El hilo de prolene que se usa en cirugía es un hilo duro, de color azul, tal vez por eso la señora pensó que era una aguja. En algunas cirugías estéticas se utilizan agujas que van con el hilo pegado, pero no fue este el caso, ya que para coser la pared abdominal se utiliza una aguja más grande e hilo de prolene", detalló el médico.