Para el arquitecto Eduardo Grizas, un experto en patrimonio arquitectónico y cultural, “los murales se están convirtiendo en un símbolo cuyano. No hay otras partes del país dónde se traten con tanta identidad y con tanto nivel como aquí. Por supuesto que existen y muchos en La Boca o en Córdoba, por ejemplo, pero en su mayoría son murales con pinturas y no sobrerelieves de cerámica como vemos y por suerte cada vez con más frecuencia en la provincia. Lástima que ninguno de ellos tenga un resguardo patrimonial. Ojalá todos, los más grandes y las nuevas generaciones, podamos valorar estas verdaderas obras de arte, que le dan una riqueza a las obras de arquitectura y que nada tienen que envidiarle a nuestros antecesores europeos (como los miles de ejemplos que hay en toda Europa, desde la Capilla Sixtina en adelante) o el estilo mexicano que tiene una larga tradición”.

Por su parte, Hugo Vinzio dice que cada vez que se plantea un mural tiene en cuenta dos facetas: “tiene que eternizarse en el tiempo por lo tanto no se pueden dañar los materiales que se usen (por ejemplo a la pinturas no las puede quemar el sol) y debe contar una historia de este lugar. Los murales tienen una gran sutileza en este sentido porque están en espacios dónde no sólo los puede apreciar quien vive en el lugar, sino el eventual transeúnte. Y esto es de gran valor para San Juan, una ciudad que no tiene pasado porque lo destruyó el terremoto. Es, de algún modo, eternizar la historia”, resume.