Los oranenses tienen esa humildad que a veces parece timidez. Viven en una ciudad de calles y veredas anchas, mayoría de casas bajas y un clima subtropical que hace que en pleno invierno la temperatura roce los 30 grados. Es un lugar que solía ser tranquilo, pero que ahora tiene un fantasma que lo acosa y lo agobia, la droga. Incluso, éste es un tema recurrente en la prensa local, que se encarga de publicar periódicamente encuestas y testimonios de los mismos pobladores que viven con este fantasma.
Orán está ubicado al Norte de Salta y la ciudad cabecera del departamento es San Ramón de la Nueva Orán, una de las más importantes de la región norteña. Tiene un intenso movimiento pues es paso constante de tránsito hacia Bolivia, cuya frontera está a apenas 30 kilómetros. Según cuentan sus pobladores, la cara oscura de la apacible Orán está relacionada justamente con la droga, con sospechas de un flujo constantes de narcotraficantes que se mueven entre Argentina y Bolivia, país considerado como uno de los mayores productores de cocaína del mundo. Dicen que en Orán hay 350 puestos de venta de droga y que el flagelo del paco no da tregua.
Un diario digital oranense denunció recientemente que el Juzgado Federal de Orán, a cargo del juez Raúl Reynoso, tiene 19.000 expedientes, de los cuales más de 10.000 tienen que ver con el narcotráfico.
A su vez, el principal diario salteño, El Tribuno, publicó una encuesta que decía que más del 50% de los chicos encuestados en la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán se mostró desinteresado por el futuro o en algún proyecto de vida. Y un dato alarmante: cuando se les consultó sobre lo que necesitan para estar bien, el 30% señaló que deben superar su adicción a las drogas, en tanto que un 25% manifestó que necesitan que sus padres les presten más atención. El resto espera más oportunidades de estudio y de trabajo en una zona a la cual consideran muy postergada en muchos aspectos, en relación a la capital provincial.
Y es que fuera del radio céntrico de Orán hay grandes asentamientos, donde la pobreza, las familias numerosas y el olvido oficial dejan huella. Este pueblo, que está en el extremo más extremo del Norte argentino, tiene calles anchas, y un intenso y desordenado tránsito. En Orán viven unas 100.000 personas, que rayan entre la timidez y la tranquilidad. Dicen que no se quejan por nada y que la última protesta la hicieron hace 4 años, cuando un brote de dengue arrasó varias vidas del lugar. Pero en general, no piden, no exigen, no protestan. Viven sus vidas callados, entre las ferias de ropa muy barata que traen desde Bolivia y los bares que hay por doquier. Los habitantes de este pueblo sobreviven gracias a los ingenios azucareros. Pero también hay algunas plantaciones. Una postal que impacta es la mezcla de la extrema pobreza de algunas viviendas, con la suntuosidad de otras edificaciones pegadas a estas. Dicen sus habitantes que en Orán no hay términos medios para llevar a cabo la vida.

