Lo destacable es la posibilidad de expresarse a través del voto más allá de las condiciones físicas en las que están los privados de libertad y de ser respetados como ciudadanos. Que ellos ejerzan esa posibilidad, depende del grado que tengan de motivaciones patriótica y de participación social y de la vocación de servicio. Estas prácticas ayudan al privado de su libertad a fortalecer su autoestima y para hacerlo sentir más cerca de la sociedad, lo que contribuye a que restablezca los lazos con ella. No hay nada negativo en esta posibilidad de elegir en las urnas, porque se da en un eje de integración y responsabilidad social. Todo esto pone a jugar la personalidad de cada uno en relación al compromiso con sus valores y eso es bueno.
