San Juan, 24 de abril.- Con 99 años, Onoria del Tránsito Tejada tiene una memoria envidiable y la sonrisa dibujada en el rostro. El paso de los años sólo puede notarse a través de las arrugas en su cara, ya que los años no dejaron huellas en su andar y mucho menos en su salud que, según ella, es impecable.
En el día de su cumpleaños, esta abuela recibió a Diario de Cuyo Online y relató, con lujos de detalles y sin olvidos, una vida dedicada al trabajo y el cuidado de sus hijos, siempre marcada de cerca por la tragedia de las pérdidas. Sin embargo, su multitudinaria familia, 25 nietos, más de 15 bisnietos y otros tantos tataranietos le devolvieron la vitalidad y las ganas de enfrentar la vida.
Onoria dejó su Jáchal natal con poco más de 20 años y con la esperanza de encontrar en “San Juan”, como ella le dice a la ciudad, un futuro mejor. Al poco tiempo encontró el amor de su vida, se casó y formó una familia. Sin embargo, el terremoto del 44’ marcaría para siempre su vida.
“Yo siempre bañaba a los niños en ese horario y nos íbamos al patio, entonces pasó el temblor. Yo recuerdo que se me cayó algo encima, pero no me acuerdo más hasta que me desperté en Mendoza”, cuenta como si lo estuviera viviendo en el momento. “Me desperté allá, tenía la cadera quebrada y otros golpes. Recién cuando volví a San Juan, 6 meses después, mi marido me contó que mis hijos habían muerto”, relató. Los pequeños tenían 6, 3 y un año y medio.
Tras el dolor, Onoria logró sobreponerse y tener 7 hijos más, dos de ellos murieron. Más tarde, la muerte de su esposo le daría un nuevo revés. “Tuve que salir a trabajar de empleada doméstica para que a mis hijos no les faltara nada, creo que lo hice bien”, cuenta.
Sus hijos recuerdan aquella época como una etapa de mucho sacrificio, aunque no dejan de aclarar que siempre estuvo presente. “Siempre fue una mujer muy trabajadora, pero que se dio tiempo para atendernos de la mejor manera. Tuvimos el mejor ejemplo y un buen consejo”, contaron mientras ultimaban detalles para el festejo.
Onoria sonríe al contar cómo creció su familia con el paso de los años y los cuidados que recibe, según ella “excesivos”. “Extraño hacer lo de siempre, no me dejan hacer mucho por miedo a que me caiga. Pero yo me levanto todos los días temprano, ejercito los brazos y las piernas y leo la Biblia. ¡Sin lentes!”, aclara.
Este cumpleaños no pasará desapercibido para nadie, es que según explicaron sus hijos, a ella le encanta festejar. “Yo siempre les digo que no quiero regalos, pero sí que vengan todos a festejar”, confiesa.
“Tengo una buena vida y soy feliz”, así sintetiza 99 años de vida una mujer que logró sobreponerse a las pérdidas y convertirse en la reina de su hogar.
