"Es para agradecer que tengo el auto nuevo -decía el hombre sentado al volante- y para pedirle a la Virgen poder cambiarlo de nuevo el año que viene". En realidad, del Senda gris humo no se veía casi nada. Estaba cubierto de punta a punto por un manto multicolor, al que habían cosido muñecas, elementos de vajilla, monedas, billetes de pesos bolivianos, corazones y adornos. Era el modo que tenía su propietario de hacer su ofrenda a la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, por quien ayer unos 400 danzantes sanjuaninos y mendocinos hicieron la tradicional procesión bailada por las calles del Barrio Aramburu y aledaños, en Rivadavia.
La dos imágenes de la Virgen que presidían la marcha estaban montadas sobre el techo de sendos vehículos, algo que rompió una tradición en este ritual y que no dejó a todos contentos, ya que algunos preferían que la Virgen avanzara sostenida por personas. En primer lugar iba una camioneta con banderines de los colores de la bandera de Bolivia, con una de las imágenes. Detrás venía un Renault 12, también cubierto con un manto al que le habían adherido corazones y elementos propios de la cultura puneña, como quenas y adornos, y llevaba la segunda imagen. A la caravana la completaban el Senda del promesante, una Volkswagen Saveiro adornada al mismo estilo y un utilitario con los altoparlantes de donde emanaban los "¡Viva la Virgen de Copacabana!" a cada minuto.
En medio iba el altar móvil, tres arcos adornados igual que los autos, portados por el párroco de María Madre de Dios, el intendente Elías Alvarez y monaguillos. Y detrás de todos los vehículos iban los danzantes, con sus trajes de todos colores y sus pasos al compás sincopado de la música andina ejecutada en plena calle (con vientos y percusiones) por dos bandas mendocinas invitadas.
Los honores a la patrona, organizados por la comunidad boliviana en San Juan, habían comenzado la noche del viernes en el mismo barrio. Los danzantes, ya todos con sus trajes de colores y con dragones y otras figuras hechas con lentejuelas, bailaron en la puerta de la parroquia, con música de trompetas y redoblantes. Y todo fue acompañado por un show de fuegos artificiales.
Pero la fiesta grande fue ayer al mediodía, cuando todos los vecinos salieron al paso de la procesión para ver el despliegue. En los cuerpos de baile, los varones zapateaban haciendo tintinear los cascabeles cosidos a los pantalones y las botas, dibujando a la vez arcos con sus sombreros adornados. Y las chicas giraban sobre su cintura, agitando las polleras bordadas y haciendo sonar sus propios cascabeles.
A la marcha la cerraba un ballet con máscaras similares a las del carnaval, con lo que dejaban clara la fusión de los rituales aborígenes andinos con el culto católico, que le da origen a la procesión más colorida y musical de la provincia.

