Es cierto. El fútbol y su organización se estaba cayendo de a pedazos en la Argentina. Los clubes se estaban endeudando sin límites. La sangría por la sucesión de Grondona enfrentaba a propios y extraños. Por eso tenía que darse un cambio. Y la Superliga parece la variante que se pedía a grito pelado. Más todavía porque la plata -al fin y al cabo lo más “importante” para todos- es más. Pero existe un punto negro: esa plata es mucho más para los que están dentro de la Gral. Paz que para los otros, es decir los del interior. Entonces, ese fútbol federal que antes de morir trató de inculcar Grondona -vaya a saber si por provecho propio o por ser consecuente de un pensamiento masivo- se está yendo al carajo. Esperemos que el tema se mejore en el camino, aunque es difícil.

Por Walter Cavalli
DIARIO DE CUYO