Con lo primero que tenían a mano (hojas de cuaderno pegadas entre sí) los chicos de la Escuela Boero copiaban sus números de celular bien grandes, para que las chicas del Colegio Nacional Monseñor Pablo Cabrera, ubicadas en la tribuna Norte del Estadio Aldo Cantoni, pudieran verlos. Desde ese sector, bajaban las carcajadas de las chicas, que lejos de tomar en cuenta los carteles, gritaban y aplaudían cada vez que la locutora decía: "¿Dónde están las chicas del Nacional? ¿Gritan más que los muchachos de la Boero?".

Así empezó ayer por la tarde el cierre de la Tercera Fiesta Provincial de la Educación, que organizó la Municipalidad de la Capital y el Ministerio de Educación, para dedicar un espacio a los alumnos de las escuelas secundarias de la provincia. La respuesta no fue todo lo buena que se esperaba, pero pese a la escasez de público igual hubo clima de fiesta. Con banderas y pancartas, los fanáticos de las bandas locales cantaron, palmearon y bailaron durante toda la tarde.

La cancha del Estadio Aldo Cantoni se convirtió por un día en escenario y por allí pasaron músicos de todas las vertientes. Primero fue el turno del Coro Municipal Villicum, que dirigido por Nito Constanza hizo cantar a los chicos canciones folclóricas. Después vino el Ballet de Tango Municipal San Juan Nuestro Tiempo, bajo la dirección de Gerardo Lecich, que arrancó aplausos con sus coreografías.

A la hora de las bandas de rock, los jóvenes se soltaron un poco más y se animaron a bailar y corear las interpretaciones de La Colona, La Bichera (formada por chicos de la Escuela Industrial Sarmiento) y Mamá Perfecta. Incluso hubo alguna parejita un poco más madura que se animó sobre el cubrepiso de madera a despuntar un rock and roll como cuando eran jóvenes.

El cierre de la tarde fue de La Costa, el grupo cuartetero preferido de los adolescentes, que entusiasmó con sus canciones e hizo bailar a los chicos y a los pocos grandes, también.