La crisis económica que sacudió al país en 2001, tuvo uno de sus momentos más duros precisamente en San Juan. En marzo de 2002, con la salida de De la Rúa todavía fresca, el país continuaba viviendo una crisis casi sin precedentes. La situación era desesperante. Y como consecuencia de ello, un nene murió de hambre en la Villa Hidráulica, ubicada en Desamparados.
El pequeño Jesús tenía poco más de dos años cuando falleció. Era de noche y estaba en casa junto a su familia. Según los relatos de la época, minutos antes del desenlace fatal, el padre había alimentado al chico con lo que quedaba. "Terminó de comer pero al rato se sintió mal y empezó a llamarme a mí y a la madre. Tenía un llantito que casi no se escuchaba. Vino su abuela también. Lo abracé y se quedó como dormido. Pero estaba muerto", dijo Carlos inmerso en llanto, a DIARIO DE CUYO.
Tiempo antes la falta de alimentación comenzó a traerle problemas. Tenía menos peso y talla de la que debería para su edad y caminaba con mucha dificultad. Apenas descubrieron los primeros síntomas, sus padres lo llevaron a un puesto sanitario cercano donde fue diagnosticado, comenzando un tratamiento.
Pero la falta de dinero para equilibrar la dieta del pequeño con carnes, proteínas, leche y otros elementos necesarios fueron determinantes para que el chico nunca superara el problema que finalmente acabó con su corta su vida.
En la humilde vivienda, además de Carlos y Graciela, padres de la criatura, vivían Celeste (9), Darío (5) y una beba de meses. Los mayores pudieron contrarrestar la falta de alimento debido a que asistían al comedor infantil Paso de Los Andes, ubicado a varias cuadras del lugar donde vivían, mientras que Lolita, la más chica, todavía era amamantada.
"Es terrible, pero no tenemos dinero para darles de comer. Si no fuera por el comedor, los otros chicos también estarían igual. A Jesús le dábamos los remedios que nos dieron en el puesto sanitario y lo mismo que comíamos nosotros: té, polenta y yerbeado. Tenía la esperanza que se recuperara, pero se me murió", contaba una y otra vez Carlos.
La indignación por lo ocurrido era visible en los rostros de toda la gente de la villa. Es que estaban convencidos de que todo había sucedido a raíz del olvido de las autoridades para con ellos. Una de las quejas más reiteradas por entonces era la falta de oportunidades para trabajar. "Si tuviéramos trabajo no habría necesidad de comedores infantiles o copas de leche. Nosotros ganaríamos para la comida de nuestros hijos", decían.
En ese momento, desde Nación habían enviado 1,4 millones de pesos que tenían como objetivo poner en marcha un plan de emergencia alimentaria en San Juan. Sin embargo, el dinero permaneció por largo tiempo inmovilizado por cuestiones legales y burocracia.
Después de conocerse el caso de Jesús, en los diferentes nosocomios de la provincia comenzaron a alertar por la presencia de casos similares, aunque no con ese grado de gravedad. Los responsables de la atención pediátrica del Marcial Quiroga aseguraban que entre el 30 y el 60 % de los chicos que ingresaban tenían problemas de alimentación. "La gente no tiene para comer", aseguraban.
Y para resumir el problema, sentenciaban: "son chicos que se alimentan a base de sopas, con dietas que no incluyen proteinas, sin carnes, huevos, verduras ni frutas. Llegan al hospital, los estabilizamos y vuelven a sus casas, con su realidad de siempre".
La muerte de Jesús dividió fuertemente las aguas. Por un lado estaban quienes opinaban que la muerte del bebé era consecuencia directa de la decidia de los padres. Otros, por el contrario, señalaban que la fatalidad tuvo que ver con que la familia estaba inmersa en una pobreza extrema y que no tenían para darle de comer, ni recursos materiales o humanos para sacar al chico de esa situación.
Por ese entonces, las hospitalizaciones de criaturas por bajo peso era tristemente moneda corriente. Sin embargo, el caso de Jesús fue el que tuvo el final más doloroso.

