Millones de católicos mexicanos debieron resignarse ayer a asistir a una misa virtual por televisión, después que las autoridades cancelaron las ceremonias por temor al contagio de la mortal influenza. En sus pantallas vieron a sacerdotes con hábitos blancos y mascarillas quirúrgicas entrar al imponente altar de mármol de la Basílica de Guadalupe, el principal templo del segundo país con más católicos del mundo. El arzobispo de la capital mexicana, el cardenal Norberto Ribera, pidió a los feligreses que obedezcan las recomendaciones de las autoridades sanitarias para prevenir el contagio de la influenza H1N1, que podría haber causado la muerte de hasta 121 personas. “Aunque ya estamos escuchando noticias de estabilidad sobre esta crisis de salud que nos ha sacudido, creo que no debemos bajar la guardia”, dijo en su homilía. Sus palabras retumbaron en las paredes vacías de la Basílica, pero llegaron a unos 20 millones de católicos a través de las dos principales cadenas de televisión del país.
