La Ciudad de México se desperezó ayer tras casi una semana de paralización por un brote de influenza, con restaurantes y tiendas ansiosos para remontar sus pérdidas millonarias.

Los mexicanos se aflojaron las mascarillas quirúrgicas y se sentaron a desayunar por primera vez en cafeterías, a las que el Gobierno permitió abrir después de ocho días, pero sólo con la mitad de las mesas.

“La ciudad está despertando, pero muy lentamente”, dijo Eduardo Cortés, gerente de de una cafetería en el exclusivo barrio de Polanco.

“Esto es normalidad, pero entre comillas. De 24 mesas tengo sólo la mitad y el horario es más corto. Son muchas restricciones”, añadió.

Se permite un máximo de de 4 personas por cada 10 metros cuadrados y las mesas a la entrada de restaurantes y cafeterías tienen gel desinfectante, pañuelos desechables y hasta termómetros electrónicos.