Su papá no entró a verla ayer, en sus últimos momentos. Luis quiere recordar a Mayra con su sonrisa permanente, su alegría de vivir, sus danzas en el templo luciendo el vestido blanco, sus ilusiones de casarse y formar una familia. Su hija, que el 14 de noviembre había cumplido apenas 23 años, no resistió las quemaduras que le ocasionó una sustancia vertida por una mostera en una escombrera de Chimbas y ayer se convirtió en la segunda víctima de la tragedia. El sábado pasado había fallecido Mercedes, la mamá de Mayra Illanes, también al tomar contacto con carbón activado (usado para clarificar el mosto) sin el debido tratamiento.
Mayra murió a media mañana de ayer, tras una lucha por sobrevivir que comenzó el 25 de noviembre, cuando ambas sufrieron el accidente en la escombrera. Era la cuarta hija del matrimonio de Luis y Mercedes; nació luego de Martín (29), Cintia (28) y Mauricio (26) y antes que Braian (20), Florencia (18), Oriana (16) y Gema (9).
Hace unos 5 años, Mayra conoció a Gabriel, su novio, de quien estaba enamorada y a quien adoraba. Los chicos decidieron casarse el año pasado y de a poco fueron comprando cosas. La fecha prevista era el 19 de diciembre y habían planificado una reunión íntima con los familiares. Precisamente, Mayra y su mamá salieron a buscar trocitos de travertino a la escombrera para hacer unos suvenires, contaron en la familia, un detalle sencillo para poder recordar la fecha.
Estaba ilusionada con formar su familia y tener una casita propia. En la vivienda paterna quedó guardado el vestido de novia que iba a usar ese día y que ya se había probado varias veces para ver cómo le quedaba. Su novio, dijeron, está destrozado.
Mayra y Mercedes siempre tuvieron un vínculo especial y era muy unidas, al punto que solían caminar tomadas del brazo.
Mayra era danzante en la iglesia evangélica a la que asistía toda la familia y servidora de Dios, por lo que los domingos profesaba la palabra evangélica entre los niños. Era muy creyente y constantemente tenía palabras de aliento y apoyo para quienes la pasaban mal.
Su familia la recuerda como un ser con un carisma particular, siempre sonriendo y feliz. Además, como todos los integrantes de los Illanes, ayudaba a su papá a mantener la casa (Luis cobra una pensión por discapacidad, pero llevaba unos pesos extra vendiendo limones en la Feria Municipal). Mayra, por ejemplo, horneaba semitas y todos los viernes con su mamá tenían una rutina fija: Mercedes hacía el picadillo y ella armaba las empanadas para vender.
Ayer sobre las 8, los médicos le anunciaron a la familia que el estado de salud de Mayra era gravísimo (con una descompensación tras una falla multiorgánica) y que ya no podían realizar nada más desde lo médico. Entonces, sus hermanos y tías pidieron pasar a verla. Uno a uno fueron avanzando por la habitación, para besarla y despedirse. Patricia, tía y madrina de Mayra, relató que estaba acariciando los pies de la joven por sobre la frazada cuando el monitor de frecuencia cardíaca emitió un sonido agudo. Mayra, la chica feliz, enamorada e ilusionada por todo lo que tenía por vivir, ahora acompañará a su mamá en el cementerio Parque Alborada; como siempre lo estuvieron: unidas desde el principio hasta el final.

