Por momentos el viento hizo que la leña ardiera con más fuerza, mientras que el humo se adueñó de la visión. Sin embargo, el delicioso aroma de los asados convirtió la jornada en una verdadera fiesta. Así, con parrilleros improvisados hasta en el suelo, los 5.300 gauchos de todas las edades festejaron ayer el cierre de la Cabalgata de la Fe. Asaron más de 500 kilos, entre distintos grupos, para celebrar el fin de la aventura.
La cabalgata fue tranquila, a pesar de que el frío calaba hondo. Sobre los caballos, tapados con ponchos y por momentos sosteniéndose los sombreros para que no se les volaran, los gauchos cumplieron con la Difunta Correa. Terminaron la travesía y el mejor regalo tras esa odisea fue el asado.
Desde temprano el paraje caucetero se vistió de gala. Banderas celestes y blancas en todos los rincones y algunas de países como Chile, Bolivia y Uruguay, también decoraron el oratorio. Sin embargo el jolgorio comenzó pasada las 14 cuando la columna de jinetes llegó tras una larga travesía. Con aplausos, gritos y algunas lágrimas de emoción la gente recibió a los gauchos que devolvieron el saludo sacándose el sombrero. Tras la llegada y algunos actos protocolares, cada rincón del oratorio de Deolinda Correa se convirtió en una parrillada.
Es que sumada a la carne, los gauchos pusieron sobre el asador, chivos, pollos, chorizos y morcillas.
Con las monturas sobre el suelo, los gauchos y sus familias festejaron y compartieron el almuerzo. La Agrupación El Tata, de Media Agua, llevó más de 20kg de asado para comer. Pero no fueron los únicos: entre 8 grupos más cocinaron cerca de 200kg de carne. Y mientras la mayoría comió al aire libre, las autoridades gubernamentales y las de las federaciones gauchas que llegaron de más de 8 provincias argentinas y desde algunos países del extranjero, también disfrutaron de un gran almuerzo. El cocinero contó que puso sobre la parrilla unos 300kg carne. De esta forma todos disfrutaron del encuentro.

