Hombre, genes y evolución

La evolución de cualquier especie, incluyendo al ser humano, ocurre en forma muy lenta. Si comparamos restos de material genético encontrados en nuestros ancestros paleolíticos con los del hombre actual, el resultado es asombroso: nuestros genes han cambiado en miles de años menos del 0,5%. Es decir, portamos información genética de la Edad de Piedra, pero vivimos en una época donde el sedentarismo y la alimentación inadecuada son habituales. Si comprendiéramos el estilo de vida paleolítico para el que nuestros genes fueron preparados, adaptaríamos la vida actual de manera más efectiva. El diseño evolutivo nos proporcionó los llamados "genes ahorradores de energía" que a nuestros ancestros les aseguraban una gran eficiencia para acumular en forma de grasa el exceso de comida. Éste es uno de los problemas de salud de nuestra sociedad actual, con elevada tasa de sobrepeso y de obesidad. Una regla fundamental de la biología establece que ningún ser vivo, en condiciones naturales de vida, puede incorporar en su organismo la energía de los alimentos sin haber gastado energía muscular para conseguirlos. El ser humano que vive en sociedades como la nuestra, hace un mal uso de su diseño evolutivo, ya que es el único capaz de incorporar calorías en exceso sin que esto incluya mover un músculo para conseguirlas. Resulta indispensable concientizar a la población que debe conocer y comprender nuestro diseño evolutivo y llevar una vida saludable.