En las paredes de adobe de la esquina ponían las carteleras y los sábados por la tarde, una camioneta con parlantes iba por el barrio anunciando los estrenos. Daban tres películas en continuado, que comenzaban a las nueve de la noche. Allí iban familias enteras, que se sentaban en sillas de totora y cenaban sánguches que lograban pasar a escondidas. Entre las décadas de 1950 y 1960, esta era parte de la vida cotidiana del barrio Ferroviario, Capital, que en su corazón tenía al Cine España. El lugar, a más de 40 años de su cierre, aún resiste el paso del tiempo y tras varios intentos por reflotarlo, ahora está a la venta.

En la esquina de Víctor Mercante y Cereceto está el cine abandonado, que era al aire libre. Los muros del exterior son de adobe y por un sector derrumbado se accede al predio, que mantiene intacta la pared de color blanco en la que se proyectaban las películas. La sala de proyección está en la planta alta de una construcción con techo de cañas y barro. Bajo la sala de proyección y hacia la vereda resiste también el rincón que fue la boletería.

Los baños ya están destruidos, como también el escenario a los pies de la pantalla. Es que el España además de cine era teatro y las compañías que hacían novelas por radio, cuando salían de gira, tenían como parada al complejo del barrio Ferroviario, o Villa La Puñalada, como se lo conoció después.

El cine fue propiedad de David España y las películas que pasaba eran alquiladas en Mendoza. Como era al aire libre, sólo funcionaba de noche y en verano. Además, cuando no proyectaba films, sacaban todas las sillas y en el sector donde hoy hay basura y hasta un viejo auto abandonado, se armaban los bailes.

‘El cine teatro se caracterizó por tener un público muy familiar. Era un lugar de encuentro de los vecinos. Las funciones empezaba a las nueve de la noche y terminaban como a las 3 de la mañana. Fueron épocas muy lindas’, recordó José España, hijo de David.

‘Yo era niño y ayudaba en la boletería. De lo que recuerdo, hubo tres películas que fueron furor y que llenaron varias veces el cine. Una fue Las Campanas de Teresa, con Laura Hidalgo; otra fue La Novia, de Antonio Prieto; y también fue un boom El Trueno entre las Hojas, con Isabel Sarli. Cuando empezaba esta película, yo tenía que irme a mi casa porque mi papá no me dejaba verla’, contó con una sonrisa España. Es que ese film fue el primero del cine nacional que mostró un desnudo total, en el debut de la Coca Sarli.

A fines de 1960, el cine cerró y quedó abandonado. Con los años hubo varios intentos por recuperarlo, incluso gestionados por la unión vecinal. Sin embargo, ninguno prosperó. ‘En homenaje a mi padre y porque era un terreno que podía servir alguna vez en beneficio de la familia, es que no lo pusimos a la venta. Pero ahora ya los hijos estamos grandes y decidimos vender. Desde lo familiar, a nosotros nos gustaría que se convirtiera en una sede vecinal, pero eso ya no depende de nosotros’, apuntó España.