El estruendo fue tal que una paloma que descansaba en el techo de la galería salió despavorida. El rugido de la tierra también tuvo su causa en quienes ocupaban las aulas. A pesar de que todos sabían que se trataba de una grabación que buscaba imprimirle realismo al simulacro de sismo, a varios se les crispó la piel. Después, explotó una bomba en el interior del pabellón, que dio paso a 31 minutos de aturdimiento por el crujir de vidrios, el trinar de sirenas y el resonar de gritos grabados o reproducidos por nueve actores que le dieron trabajo a la Policía, Bomberos, miembros de la Cruz Roja, del Ministerio de Salud y del Inpres. Todo se conjugó en el simulacro que se hizo ayer, en la Facultad de Ingeniería de la UNSJ.

‘Me sorprende. Estuve muchas veces en el interior de edificios que se incendiaban y en todos hubo situaciones similares a lo que se representa aquí. Siempre hay corridas gritos y ruidos constantes‘, comentaba el jefe de Bomberos, Orlando Ríos, sonriendo como satisfecho de saber que todo era mentira. Sobre su cabeza vibraban 7 parlantes.

El sonido del movimiento arrancó a las 10,21 y todos salieron lentamente. Entre 800 y 1.000 alumnos y profesores se pararon en las calles internas de la Facultad y miraron lo que sucedía en el pabellón como si fuera una película. Es que, si bien daba la sensación de que todas las aulas y salones habían quedado vacíos, en el interior había heridos y la mayoría no paraba de gritar.

La sirena de la autobomba grabada se mezcló con la verdadera. De ella bajaron 5 bomberos que llevaron la manguera hasta un aula del que salía humo. Claro que sólo hicieron mímicas, no había llamas para sofocar.

A la vez, un joven que pedía ayuda llamó la atención de un grupo de asistentes. A pesar de haber estado clamando por auxilio durante varios minutos, el joven se desesperó cuando iba a recibir ayuda: ‘¡No, no! ¿Ustedes quiénes son? No me toquen‘, decía. Mientras, los socorristas trataban de calmarlo para subirlo a una camilla. Ya el chico que a través de un alta voz indicaba dónde estaban los heridos, había dicho que uno de ellos sufría un ataque de pánico.

Las personas con las manchas de pintura colorada en los rostros, brazos y piernas seguían apareciendo debajo de los escritorios y al lado de los bancos. Hasta que los rescatistas lograron sacarlas a todas. La segunda bomba de estruendo sonó a las 10,52. Las grabaciones se detuvieron, todos volvieron a las aulas y el pabellón recobró la normalidad.