Para los chicos de la Escuela Alejandro Segovia, de Angaco, la operación matemática preferida es multiplicar. Multiplicar ideas, multiplicar trabajo, multiplicar esfuerzo y también multiplicar logros y recompensas. Por iniciativa propia estos alumnos armaron una granja escolar en la que tienen hasta una llama y que es visitada por los chicos de las demás escuelas locales. No es una institución agrotécnica, pero los chicos aprenden desde cultivar aromáticas hasta a elaborar quesos de oveja.
El proyecto de la granja nació en el 2012 luego de que los chicos visitaran una escuela agrotécnica. Tras esa visita le propusieron a las maestras hacer una granja en la escuela ya que tenían 2 de las principales condiciones para hacerlo: espacio y ganas. “Los vimos tan entusiasmados que decidimos apoyar el proyecto y a idear cómo hacerlo. A ellos mismos se les ocurrió el primer paso”, dijo Emilia Martín, docente del lugar.
Los chicos hicieron una rifa y con lo recaudado compraron a “la Monona”, una vaca lechera que continua en la granja y que se convirtió en la estrella del lugar. “Cuando les contamos a los visitantes que la Monona fue el primer animal de la granja todos quieren hacerse una foto con ella”, dijo Guadalupe Cataldo, de 4to grado, una de las encargadas de guiar a las visitas.
Los chicos continuaron con la rifas para comprar más animales, aunque algunos de los que hay en el lugar fueron donados como la llama y el Toby, un poni que quedó descaderado tras un golpe y su dueño se los regaló por no poder cuidarlo. “Le damos de comer en la boca y le hablamos para que sienta el cariño. Cuidamos a todos los animales y los curamos cuándo se lastiman, ya estamos entrenados para eso”, dijo Juan Nievas, alumno de 6to grado.
CRECIMIENTO
A menos de un año de su existencia, la granja comenzó a recibir la visita de alumnos de otras escuelas angaqueras, tentados por ver de cerca a los animales.
De a poco la granja se fue agrandando hasta tener también gallinas, patos, gansos, conejos, burros, cabras, pavos reales y una oveja. En cierta forma esto fue una complicación para los chicos porque surgió el inconveniente de no poder darles de comer a todos, ya que las ganancias de las rifas no eran suficiente para comprales alimento. Fue entonces que los chicos pusieron en marcha un nuevo proyecto: cultivar verduras, hierbas aromáticas y diferentes variedades de cactus para vender a los vecinos y recaudar fondos para la compra de alimentos. Así nació la huerta de la escuela donde se cultiva ajo, cebolla y habas, y varias aromáticas. “A veces viene gente a comprar a la escuela, pero vendemos más casa por casa o a los familiares”, dijo Rodrigo Quevedo, uno de los alumnos de 6to encargado de la huerta.
A la venta de la cosecha, los chicos agregaron el trueque. Cambian verduras o huevos de gallina por alimento y pasto, aunque no fue la única alternativa para conseguir comida para los animales. “Cuando las docentes de otras escuelas llaman para reservar una visita le decimos que la entrada puede ser un poco de maíz o pasto, aunque algunos visitantes prefieren hacer una pequeña donación en dinero”, dijo Emilia Martín.
Además de lograr atraer visitas a la escuela los chicos cosecharon también el reconocimiento fuera de la institución.
En el 2012 el INTA les donó una oveja. La madre de uno de los alumnos no sólo les enseñó a ordeñarla, sino también a preparar el queso de oveja. Con ese proyecto participaron en la instancia provincial de la Feria de Ciencia y ganaron un pase a la instancia nacional.
Además el año pasado las tres cabras de la granja pasaron al estrellato. Fueron convocadas por el Municipio de Angaco para formar parte del Belén Viviente que se realizó para conmemorar la Navidad.
Lejos de conformarse con lo ya logrado, los chicos de esta escuela comenzaron a trabajar en un nuevo proyecto: el armado del museo de la institución que que ya cuenta con varias animales embalsamados que les donó un exdirector de la institución y varios aparatos antiguos como máquinas de cocer, balanzas, reproductor de diapositivas, entre otros.

