Un grupo de amigos de Santa Fe y Córdoba llegó hasta la torre de la tirolesa para averiguar si esta actividad era peligrosa. Después de las explicaciones de los guías fueron las chicas las que se anotaron para participar de la misma. Pero tuvieron que esperar algunos minutos para largarse, ya que otro grupo de mujeres porteñas ya tenía los arneses puestos para desafiar el vértigo. Ayer, tanto en el Dique de Ullum como en la Quebrada de Zonda, en Rivadavia, se desarrollaron actividades de aventura que tuvieron como público principal a los turistas que llegaron a la provincia para disfrutar del feriado largo.

Mariam Acosta, una porteña que por primera vez visitaba San Juan, no se conformó con una sola práctica de tirolesa en el Dique de Ullum. Le gustó tanto esta actividad que pagó una segunda vuelta. Y esta vez se animó hasta de girar en el aire, mientras las demás turistas que esperaban su turno la observaban con detenimiento para aprender cómo deslizarse por el cable con seguridad.

Andrea Scocozza, de Buenos Aires, también llegó a al provincia por primera vez y con un propósito determinado: conocer la montaña. Es por eso que, junto a sus hijas Julia y Victoria, de 9 y 10 años respectivamente, participó de un par de actividades de aventura en la Quebrada de Zonda.

Primero optaron por una actividad tranquila como entrar en calor. Hicieron el circuito de trekking por la Cabeza del Indio. Pero, luego las tres dieron rienda suelta a la adrenalina. Participaron de la práctica de rappel sin siquiera conocer en qué consistía esta actividad.

“¿Me va a dar miedo?”, preguntó una de las niñas cuando el guía le colocaba los arneses. Y la respuesta del especialista en el tema las tranquilizó a todas. Les dijo: “para nada, es como si estuvieran caminando por la pared”.

Las chicas escalaron los 12 metros de altura para alcanzar la cima desde donde comenzarían con el rappel. Les gustó tanto que también hicieron una segunda ronda.