San Juan se ha caracterizado por brindar al acervo literario grandes autores. Más allá de los primeros cronistas de que se tengan noticias, desde la enfática presencia rectora de Domingo Faustino Sarmiento, nombres ya ilustres en bronces y memorias, han entregado el virtuosismo de sus plumas de prístino vuelo tanto lírico como narrativo. Así se han encumbrado voces de todos los tiempos y en todos los matices y conjugaciones de la acción escrita, relatados, rimados o libremente versificados. La literatura cuyos cánones se heredaron de España nos ofreció en su esplendor el canto labriego y vendimial, el amor a la tierra, al paisaje circundante y como siempre, aparece el antes y el después con la marca fatídica y dolorosamente inspiradora de la tragedia de 1944.
El terruño, vivido y sentido desde los ocres de la aridez y esa obstinada persistencia de aferrarse con brazos de aguas en venas cantarinas, en siestas obligadas y desbordadas de soles largos, al rumor de nuestros vientos característicos han sido el leit motiv de numerosos artistas de la palabra. Centenares de libros recogen las voces más selectas en tal sentido, las vibraciones más sensibles del intelecto y con ello, el atractivo de sol, montaña, cielo, agua, en fin, el entorno natural todo, ha contado con extraordinarios vates y narradores excepcionales. No huelga repetir sus nombres como eco en la montaña por ellos amada, para recordarlos en el paso del tiempo como eternas llamas inextinguibles, Antonio y Juan de la Torre, Juan Conte-Grand. Rogelio Diaz Costa, Antonio Aguilar, Fernado Mó, más adelante Antonio Beorchia Nigris, los monumentales aportes históricos de Horacio Videla, Antonio Nuñez Millán, Cesar H. Guerrero o los Maurín. No podemos nombrarlos a todos, pero sí decir que sus escritos marcaron una época de un valor imperecedero e inigualado. Crecieron en cada página al calor de la "provincianía” renovándose para los lectores con el solo hecho de buscarlos en los anaqueles de las bibliotecas locales que con veneración los conservan.
La profundidad de los misterios de la naturaleza montañosa milenaria, el sacrificio de someter la tierra para extraer lo valioso de sus entrañas, el canto sereno, curtido, manso o retobón del paisano en ese contexto, con el color del habla registrado minuciosamente, lo proyectan luego a don Leónidas Escudero y otros seguirán perfilando el otro San Juan, el de tierra adentro, alma adentro, sufrimientos tenaces pero inconmensurables. ¿Quién que haya abrazado la palabra en San Juan no ha trabajado con deleite sobre lo natural, aborigen o colono, rescatando época tras época? Nelly Pineda Hérnandez, por ejemplo, con "El limbo del emigrante” basada en hechos reales, proyectó con detalles de singular valía el desarraigo de la patria española por parte de los que aquí forjaron una gran familia y cuenta con soltura y gracejo la aventura del viaje a "hacer la América” de unos jóvenes ilusionados y soñadores, rústicos para el trabajo intenso y en todo sentido aptos para darse en prodigalidad de hijos a la nueva tierra que aprendieron a amar. Es que actualmente la labor de los autores locales, pasa por desarrollar un arte literario más comprometido y en esto, la mencionada autora es un poco pionera.
Con seriedad y respeto se han abordado temas difíciles y dolorosos como el Mal de Alzheimer, con dos libros de Ilda Cabrera, dando comienzo a obras testimoniales de un valor que va más allá de lo meramente literario. Cuando escribimos con Nancy Luna el libro "Tiempo Muerto” de alguna manera quisimos ofrecer nuestra visión de una época oscura y aún no cicatrizada en democracia, de nuestro derrotero histórico, como fue el Proceso militar. El año pasado, Beatriz Brignone de Herrmann y su obra "Tiempos de incertidumbre” noveló el mismo tema ambientando en San Juan los avatares de una familia y un sacerdote en aquellos tiempos donde pensar distinto era suficiente para desaparecer. Hugo Nievas, con su libro "Las cosas por su nombre” da una mirada crítica a la política nacional y provincial, lo mismo sucedió con varios libros del Dr. Alfredo Avelín y su mayor y más recomendado aporte es aquel sobre los Hielos Continentales que documenta tan extraordinariamente.
A medida que la gente se anima a contar aparecerán interesantes historias de vida y la fluidez del estilo escritor para abrir el alma, para desnudar aspectos que por primera vez, escritoras locales -y en esto las mujeres son mayoría y pioneras- se animaron a tocar y a dejar para la posteridad en los libros.
(*) Presidente de SADE – San Juan.
