De lunes a sábado, sin importar si hace frío o calor, ellas abren el comedor. A las 8,30 las primeras ollas comienzan a calentarse porque a la 12 ya sirven la comida para 300 personas que pasan por el lugar. Ellas son Senobia Muñoz, Ada Quiroga, Matilde Fernández y Viviana Durán, cuatro chimberas que son devotas de San Cayetano y que son las encargadas de darle vida al comedor que está en el Barrio Parque Industrial, donde está la parroquia del patrono del pan y el trabajo. El próximo viernes, día del Santo, participarán de la procesión (ver aparte).
Servir a los más pobres fue uno de los principios de San Cayetano y esa es la misma razón que une a estas 4 mujeres. La única paga que reciben por su trabajo es la sonrisa de los niños satisfechos y eso es demasiado para ellas.
Su tarea diaria está vinculada a la parroquia del Santo de la providencia. Todas llegaron al comedor luego de que se volvieran devotas de Cayetano. Algunas llevaban a sus hijos a la Acción Católica o a catequesis, y otras solamente iban a las misas semanales del Santo y siempre estaban dispuestas a dar una mano en la humilde capilla. Así fue que se acercaron a la institución que hoy es un emblema de la zona Oeste del departamento.
“La fe es lo que nos une y es lo que nos da fuerzas para poder trabajar todos los días”, dijo Senobia, que hace más de 25 años que trabaja en el comedor y que desde hace más de 10 años es la que coordina la institución.
Senobia es quien todos los días abre las puertas del galpón donde está la cocina y los tablones sobre los que comen los niños antes o después de salir de la escuela. Al igual que ella, Ada es jubilada y gracias al apoyo diario de su marido es una de las cocineras de la institución por la que pasan cientos de personas carenciadas. “Mi esposo se queda todas las mañanas y me ayuda con tareas domésticas. Eso hace que yo todos los días pueda cumplir con este humilde trabajo que es tan satisfactorio”, dijo la mujer que tiene 66 años y que no tiene problema de lavar más de 300 platos diarios.
Con una bandeja y una jarra con agua en sus manos, Viviana, la más joven del grupo (40), dijo que su trabajo es el mejor. “Nuestro trabajo no se termina cuando servimos la comida. Además arreglamos los bancos, las mesas y ayudamos en todo lo que haga falta”, dijo y agradeció también el apoyo de su marido que es quien se encarga de llevar a sus hijos a la escuela, para que ella pueda ir al comedor a ayudar a otros niños.
“Mis hijos se criaron en este comedor. Yo trabajo hace más de 10 años y vi pasar a mucha gente por acá y vimos crecer a muchos niños. Y saber que nuestra comida ayudó para que muchos chicos pudieran estudiar es una de las mejores cosas que me pasó”, dijo Matilde, que se encarga de servir a todas las personas que llegan de manera puntual.
El comedor San Cayetano nació como un proyecto del padre Báez Laspiur en 1988. Pero, creció gracias a la caridad de sus fieles, en el 2003. Actualmente, la comida es financiada por Desarrollo Social de la Nación.

