�Si un vecino no hubiera intervenido la historia de Romina hubiera sido otra. Ese joven frenó la cuenta de cuchillazos en la cifra 17. Los médicos tuvieron que curarle cinco heridas en la espalda y otra más leve en el tórax, una en el abdomen, dos en los pechos, una en la ingle y una en la nalga. También dos en su mano derecha y la axila del mismo lado. Y, en el costado izquierdo, una en la mano, otra en el codo y otra en el hombro.