Son sentimientos inexplicables, que son difíciles de expresar. Adrián Galván anotó el último penal definitorio que marcó el delirio y la clasificación de Unión al vencer a Andes Talleres. Después del partido no pudo más y largó el llanto. Ante los periodistas no podía hablar de tanta felicidad, si hasta tartamudeaba. “Lloré mucho, porque me acordé de mi hijos Agustín y Tiziano. Todavía me acuerdo del partido y me emociono”, dijo ayer.

Justamente Adrián no quería patear. En su mente gravitaba un mal recuerdo que lo estaba mortificando. “Ante Desamparados por el torneo local erré un penal, por eso en un principio no quería tirar”, confesó el volante, que el domingo jugó de delantero y agregó que el técnico Azul Víctor Hugo Cabello en el momento de elegir al tirador del quinto penal le dijo que si quería patear. “Y ahí yo le respondí que sí, que me tenía fé”.

Era el último penal, lo que significaba mucha responsabilidad y concentración. El Flaco señaló que cuando acarició la pelota “elegí el palo derecho del arquero, cerré los ojos y dije adentro mío que sea lo que Dios quiera”. Después manifestó que en ese momento de tirar “se me cruzó por la cabeza la imagen de mi hermano Daniel, que me iluminó para convertir”.

Y por último Adrián derrochó pura confianza, aunque todavía falte para el camino del ascenso, el Flaco señaló que “vamos a ascender. Tenemos equipo y me tengo mucha fé”.