Los fieles católicos tendrán la posibilidad de venerar la tercera reliquia santa expuesta en San Juan en un lapso de sólo dos semanas. Se trata de dos dientes y un diminuto pedazo de maxilar de San Plácido, el santo de los artistas y de los trabajadores de la voz, que se expondrán mañana en la Iglesia Catedral durante la misa en honor a este santo. Se suman a las reliquias de San Pío que estuvieron en la procesión con que finalizó, el pasado 23 de septiembre, el Triduo en su nombre en el barrio Aramburu; y a las de San Leopoldo Mandic, que el padre José Juan García expuso a partir del 30 del mes pasado en la parroquia Nuestra Señora del Tulum.

El 5 de octubre se celebra el día de San Plácido, fecha en que normalmente se realiza una misa en su honor en la Catedral, único templo de la provincia que alberga una imagen suya. Pero este año se decidió postergar la celebración hasta mañana. Y por una razón más que justificada. Ese día contarán con la presencia de reliquias de este santo.

Desde la Catedral dijeron que llegarán gracias a la familia sanjuanina Piscitello, encargada de propagar su devoción tanto en la provincia como en Córdoba y de poner en marcha una fundación en su nombre (Plácido Piscitello hizo la imagen del santo que hay en la Catedral y Domingo, su hijo, el templo en su honor que está en Córdoba).

La misa comenzará a partir de las 20:30, incorporando un órgano y una trompeta para el acompañamiento de los cánticos. El fundamento: San Plácido es considerado el patrono de los artistas. Por esa razón el domingo que viene, durante la celebración de la Palabra de Dios, serán bendecidos los músicos, locutores, maestros y demás personas en las que la locución forma parte de su profesión.

San Plácido era de ascendencia noble y nació a fines del siglo V (en el 493 aproximadamente) en el seno una familia cristiana compuesta por tres hermanos varones y una niña. En aquella época educar cristianamente a sus hijos era propio de la gente noble. Por ello encomendaron su educación a San Benito, que estaba en el monasterio de Monte Casino. Tenía 7 años y le encomendaron tareas propias de su edad. Entre ellas, acarrear agua desde un lago vecino para cubrir las necesidades del Monasterio. Un día cayó al agua y perdió la conciencia. San Benito tuvo una visión de lo que le estaba sucediendo al pequeño y mandó a Mauro a que lo salvara. Mauro, después de rescatarlo, se dio cuenta de que había caminado sobre el agua. Este es el primer milagro en la vida de San Plácido.

A los 24 años Plácido comenzó a evangelizar en un monasterio de Sicilia. Por la alegría de este logro, su padre mandó a sus tres hermanos a visitarlo justo en el momento en que los bárbaros invadieron la región y tomaron el monasterio. Mamuca, el jefe bárbaro, exigió a los monjes que renegaran de su fe. Ellos no lo hicieron, y sufrieron las consecuencias. A Plácido, para acallarlo, le arrancaron la lengua, pero como siguió hablando con voz diáfana y clara, enfurecido Mamuca le pegó un mazazo en la cabeza, y como Plácido siguió hablando le rompió el cráneo y ordenó cortarle la cabeza. También ordenó matar a todos sus hermanos y a los monjes del monasterio.