El censista se vale de dos herramientas al momento de relevar los viñedos: por un lado, la documentación de cada finca que es entrega por el Instituto Nacional de Vitivinicultura; y por el otro, la corroboración de esa información al momento de recorrer las viñas.

El primer paso, es fijar a través de su GPS una “georeferencia”, es decir, un punto con el que se va a marcar el lugar -toman el número de inscripción del viñedo-. Luego el aparato arrojará una referencia física: latitud y altitud que tiene la finca. Estos datos luego son descargados a una computadora. En el caso que la finca tenga más de una variedad de uva, el censista debe revisar el follaje, los racimos y el brote de la planta para determinar su tipo, técnica que se conoce como “ampelografía”.