Esta confusión dialéctica es una vieja coartada de la izquierda latinoamericana. Usa de chivo expiatorio la dependencia externa o la opresión del imperio, al tiempo que internamente aprovecha para coartar las libertades públicas y los derechos civiles. Chávez es el caso típico. Mientras en Argentina reclamaba "independencia plena” frente a la nueva Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada donde insolentemente equiparaba a San Martín con el Che Guevara- en Caracas se proscribía por ley a varios opositores para las elecciones de setiembre y se expropiaban más empresas.

El cansino llorisqueo contra el colonialismo, como el de Correa, quien reclamó en Buenos Aires que "nos falta alcanzar la independencia económica, social, cultural, liberarnos de todo el imperialismo”, no es más que una cortina de humo para esconder la ineficiencia frente a la inseguridad, la pobreza, la falta de educación y el desempleo, carencias que no están tan atadas a la dependencia de potencias foráneas, como sí ligadas a la incapacidad doméstica.

El ex presidente costarricense, Oscar Arias, venía desnudando estos pretextos. En su discurso de Cancún, en febrero, pedía que "ni el colonialismo español, ni la falta de recursos naturales, ni la hegemonía de Estados Unidos, ni ninguna otra teoría producto de la victimización eterna de América latina” se deben utilizar para justificar los gastos en armamentismo en detrimento de la educación, talón de Aquiles de una región que 30 años atrás era más rica que el ahora potentado sudeste asiático. La falta de educación y libertad no solo afecta los resultados económicos, sino también es responsable de la pobreza cívica, como en el socialismo chavista. De ahí que muchos gobiernos latinoamericanos hayan tenido éxito con reformas constitucionales y electorales, que les permiten gobernar solo para las mayorías mientras aniquilan cada vez más a la oposición.

El retroceso de las libertades internas y no la dependencia foránea, es el verdadero factor de atraso regional. Una medición de la ONG Freedom House, muestra este preocupante declive y describe como los estados autoritarios, incluida Venezuela junto a Rusia e Irán. En América ve un retroceso en los últimos cuatro años, con menos libertades democráticas en Honduras, Guatemala y Nicaragua, al tiempo que descalifica como plenas democracias a Ecuador, Colombia, Bolivia y Paraguay. A Cuba, el único país no libre del hemisferio, le atribuye además, junto a Bielorrusia y Myanmar, ser el más represivo del mundo en materia de libertad de prensa.

La disminución de la libertad carcome el sistema político y degrada la confianza de los ciudadanos. En Argentina, las encuestas más recientes señalan que la gente cree en la democracia, pero desconfía de las instituciones y de la dirigencia política, como también aborrecen la escasa independencia de los poderes republicanos.

La desconfianza democrática salvo excepciones como Chile y Brasil- es moneda común en varios países, alimentada por declaraciones irresponsables como las del nicaragüense Daniel Ortega, quien dijo preferir gobernar con Congreso cerrado.