Alfredo y Chiquita, los papás de Viviana, nunca se imaginaron tanta emoción. Es que la pasaron tan mal en tiempos en los que faltaba de todo, que ahora ver a la segunda de sus cuatro hijas en el mapa de los Juegos Olímpicos, lo sobrepasó. Después de nacer en Astica, la familia Chávez decidió irse a probar suerte a la ciudad. En el Barrio Huazihul estuvieron hasta que decidieron volver a pelearla en su Astica natal. Viviana terminó la escolaridad en la escuela Benito Lynch y después quiso intentar el profesorado de Educación Física en San Juan. No entró. Pero no bajó los brazos y ese año que perdió fue aprovechado para ver lo duro de la vida porque amasó pan desde las cuatro de la mañana todos los días del año. Le sirvió para retemplar su alma y la de su familia, que estuvo siempre.
Al año siguiente volvió a insistir en el profesorado de Educación Física y en La Rioja. Ahí, de casualidad, comenzó su vida con el atletismo porque la vieron correr, la invitaron y empezó a entrenar de verdad. Se cansó de ganar trofeos pero luego empezó el momento de levantar el nivel y de correr por premios en plata. Así, se fue haciendo un camino y hoy lo disfruta junto a esa misma familia que nunca dejó de apoyarla.
El futuro para Viviana está en Europa para prepararse como debe ser. Pero los gastos se multiplican y si sola llegó hasta donde está, nada más la asusta.
