De la pequeña cueva que cobija el surgente al pie del cerro, el aroma azufrado invade el lugar, que parece un oasis entre la aridez de unos cerros y el polvo blanco de las calizas. La vertiente arroja aguas termales, hay piedras que le dan forma a dos grutas, dominadas por hermosas imágenes de la Virgen de Lourdes, y las plantas aportan su toque verde. Y junto a unos árboles y tras una cuneta que nace en la gruta, aparece una pileta de natación, cercada por barandas de troncos.

La gruta de la Virgen de Lourdes, en las afueras de Cienaguita, Sarmiento, es un lugar que puede darse el gusto de ofrecer una combinación contrapuesta. Por un lado, al estar en medio del campo invita al silencio y a la reflexión, pero también para la diversión, pues con la construcción de una pileta que aprovecha el surgente de aguas termales el sitio se convirtió en el balneario del pueblo.

La vertiente está allí desde tiempos inmemorables, pero fue a mediados del siglo pasado que un vecino colocó una imagen de la Virgen de Lourdes junto al surgente, para pedir que nunca le faltara trabajo al pueblo. De a poco, la gente que aprovechaba las aguas termales comenzó también a rezar y el tiempo le dio al lugar un matiz religioso, al que se accedía por un sendero entre unas lomadas.

Fue hace unos 15 años que otro vecino, Héctor Hugo Naumchik, decidió hacer crecer el lugar, movido sólo por su cariño a la Virgen. Y lo transformó en la versión actual. "Antes la gruta estaba tapada por unas lomadas, que eliminamos con mucho esfuerzo y algunas voladuras. Traje piedras de mi cantera e hicimos dos grutas, la que está a la altura de la vertiente con la imagen original de la Virgen y la del segundo nivel con otra más grande, que traje de Mendoza", contó Naumchik.

"Además pusimos mesas, parrilleros y hace dos veranos inauguramos la pileta. Cienaguita nunca tuvo plaza y no teníamos un lugar como para dar una vuelta los domingos, así que la gruta de la Virgen nos permitió conjugar eso e incluso ir un poco más allá, porque tiene también el balneario del pueblo", agregó el minero.

La belleza del lugar pronto trascendió fronteras y además de los vecinos de Cienaguita, empezaron a llegar visitantes, incluso de otras provincias. Dicen que la Virgen de Lourdes y sus aguas termales son sanadoras y varias placas demuestran agradecimientos por los "favores" y hasta por los "milagros" recibidos.

La gruta está a unos 1.000 metros de la entrada a La Cienaguita, poblado al que se accede por una huella de tierra, tanto desde Divisadero como desde la ruta 40, a la altura de San Carlos.