Hay que andar poco más de 5 kilómetros por una huella que está en buen estado y que bordea el cerro Pie de Palo. Y de repente, como si se tratara de un espejismo en medio del desierto, sorprende la vista una pequeña capilla cubierta de piedra laja. La rodean algunos árboles que se resisten a desaparecer, a fuerza de agua que lleva Omar Wensel todas las semanas. La capilla, que fue levantada para cumplirle una promesa a la Medalla Milagrosa, sobresale en el paisaje árido de Angaco y es la demostración de la fe de este hombre, que hace 14 años la construyó porque dice que la Virgen le salvó la vida a una hija. Hoy el sitio es una de las atracciones más importantes del departamento, aunque no recibe ningún tipo de ayuda municipal.

La existencia de esta capilla, austera pero muy colorida, se conoció de boca en boca. No sólo van al lugar los devotos de la Virgen. Con trabajo de hormiga, Omar transformó el sitio en un paraje cómodo donde se puede ir a rezar, pero también a comer un asado. Al lado del santuario, este hombre construyó una galería techada donde colocó mesas y sillas para que los visitantes tengan donde alojarse. Por adentro, el santuario no deja de sorprender. El amarillo intenso de sus paredes, los bancos de madera rústica y un altar que siempre está preparado como para recibir a los devotos. Una mesa, a un costado, está repleta de objetos que la gente llevó para cumplir alguna promesa. Fotos, rosarios, juguetes, flores, cartas. Todo perfectamente ordenado. Y aunque este sitio generalmente está solo porque Omar no puede ir todos los días, nadie se atreve a tocar o cambiar de lugar lo que hay adentro y afuera de la capilla.

"Mi hija estaba muy enferma. Yo tenía una cuñada monja y por eso conocí la Medalla Milagrosa. Le hice una promesa a la Virgen y me la salvó", contó Omar. Este fue el inicio de la construcción del sitio religioso más atractivo que tiene el departamento, por la cantidad de gente que va, sobre todo los fines de semana y los días feriados. Omar nunca le pidió nada a nadie. Solo, de a poco, comenzó a llevar material al medio del desierto. Primero levantó una pequeña gruta, que después se convirtió en la actual capilla. Después construyó unos piletones para colocar agua, y después sembró un jardín.

Justamente los canteros bien cuidados, la mesa que siempre tiene un mantel tendido, y las plantas colgantes que colocó en la galería, son la muestra de que este hombre transformó el santuario en su segundo hogar. "Paso mucho tiempo acá. Me vengo solo y arreglo el lugar, limpio y controlo que todo esté bien. Esta es mi vida y es lo que hice con mi esposa hasta el año pasado, cuando falleció", contó Omar.

Los lugareños sueñan con que este sitio se transforme con el tiempo en lo que hoy es el predio de Ceferino Namuncurá, que está en San Martín. La capilla forma parte de un circuito turístico religioso que ofrecen algunas páginas de Internet. Pero a nivel municipal, este sitio no recibe apoyo, como sí sucede en Ceferino Namuncurá.

Llegar a la capilla de la Medalla Milagrosa no es difícil. El santuario está por la misma huella que lleva a los baños de Guayaupa. Hay que tomar la calle Nacional, en Angaco, dirigirse al Norte hasta llegar a la calle El Bosque. De ahí hay que tomar hacia el Este hasta encontrar una huella enripiada donde hay un cartel que indica la dirección que hay tomar para llegar al santuario. El camino está en buen estado, por lo que se puede llegar en cualquier tipo de vehículo.