Fernando Quispe y Eduardo Muñoz integran el reducido grupo de alumnos que optaron por Metalurgia Extractiva. Fernando terminó de cursar la carrera en el primer semestre de este año, se prepara para rendir sus últimas materias y según dijo, piensa en una tesis final vinculada a muestreo.
La experiencia de Fernando es singular: Cursó la carrera solo durante los cincos años, esto significó que al momento de estudiar también fuera en solitario. “Fue un desafío pero me permitió tener un contacto más directo con los profesores. Era pesado a veces pero fue lo que elegí, yo ingresé en el 2011 tras cambiarme de Ingeniería de Minas y pienso en un futuro con esta profesión”, contó Fernando.
Eduardo Muñoz, por su parte, está en tercero y cursa en simultáneo Metalurgia y Minas. A futuro piensa en un doctorado en Alemania para profundizar su formación y nuevas experiencias. Actualmente trabaja en una ayudantía de investigación con la Dra. Andrea Díaz, vinculada a flotación de fosfatos de la mina Sierra Grande. “Me está dando experiencia, de la carrera me apasiona el desafío de controlar los procesos, poder proponer cambios en función de los factores que influyen”, sumó Eduardo.
Para estos estudiantes el hecho de que esta carrera tenga pocos alumnos incide directamente en que no esté entre las más elegidas de Ingeniería. “Le da la fama como de difícil, de porqué será que no hay tantos alumnos. El hecho de que tenga mucha Química a muchos les asusta, pero es como todo, depende de la dedicación que cada uno le ponga”, aportó Fernando Quispe. “Debemos ver el potencial que significa que seamos pocos, las plantas de procesamientos de minerales están ocupadas por Ingenieros Químicos, como en Cerro Vanguardia por ejemplo. Pero a ellos les falta en su formación la parte mineralógica que es nuestro fuerte; es muy importante saber las condiciones del yacimiento que se está explotando y las asociaciones del mineral para así optimizar los procesos. Tenemos grandes oportunidades pero dependen de nosotros”, concluyó Eduardo Muñoz.
