Entre cascotes de tierra seca los chicos escarbaron las plantas de melones en un último intento por salvarlas. El agua que les echaron con baldes parece no ser suficiente para lograr ese milagro. Un poco más allá, otro grupo regó con manguera la plantación de aromáticas, también con la misma esperanza. Son los alumnos de la Escuela Agrotécnica de Zonda, edificio que nunca contó con agua de regadío para mantener sus cultivos. Su director reconoció que a veces hasta sacan sin permiso agua de las propiedades lindantes para que los chicos puedan hacer las prácticas de agricultura.
Hace nueve años que se inauguró la Escuela Agrotécnica de Zonda, y todavía no cuenta con agua para regadío. Durante los primeros años de funcionamiento no fue tan problemático regar los cultivos que hacían los chicos durante las clases prácticas, porque el terreno destinado a la siembra era muy limitado y bastaba con el agua que se extraía de la acequia con una bomba. Pero la situación se agravó cuando el espacio para cultivo se expandió. "Como creció la matrícula y cada profesor quería su espacio para las clases prácticas, pedimos en donación parte del terreno del Instituto Nazario Benavídez, que está detrás de la escuela y abandonado -explicó el director del establecimiento, Pedro Tello-. La Dirección del Menor nos donó 3 hectáreas. Y ahí comenzamos a padecer la escasez del agua".
Tello contó que por un tiempo, cuando le tocaba el turno de riego al Nazario Benavídez (autorizado por Hidráulica), sus directivos cedían un par de horas de agua a la escuela para regar la siembra hecha por los alumnos. Pero que desde que Fecoagro, la empresa dedicada a la producción de semillas hortícolas, hizo sus plantaciones en terrenos de este instituto para menores, la escuela dejó de contar con el regalo. "Desde entonces esperamos que les toque el turno, atravesamos el alambrado y levantamos algunas de sus compuertas para que nos pase algo de agua para regar -confesó el director de la escuela-. Aunque eso nos obligue a quedarnos después de clase o venir a las 2 de la mañana. De todos modos, el agua que pasa no es suficiente porque viene a través de acequias angostas y con poco caudal, y no alcanzamos a regar los cultivos más alejados".
Esta escasez de agua hizo que tanto los docentes como los alumnos de este establecimiento se las ingeniaran para intentar que sus plantas sobrevivieran. Hicieron largas filas para pasarse de mano en mano baldes con agua que extrajeron de la acequia que pasa por el frente de la escuela. Reemplazaron el cultivo de tomates y lechugas por pistachos, que sólo necesitan dos riegos a la semana para crecer normalmente. Y optaron por inundar los almácigos del invernadero, aún con el riesgo de que mueran por exceso de humedad. "Los almácigos y plantines se colocan en canchas de cría, que son pozos cavados en la tierra, para llevar un control y orden de lo que se tiene -explicó el docente Nelson Ahumada-. Pero nosotros las inundamos para que retengan la humedad por unos siete días. El riesgo es que haya un golpe de calor que caliente el agua y las plantas se terminen quemando".
El director Tello dijo que la solución para el problema del agua es que Hidráulica le dé al establecimiento un turno de regadío. Pero que desde esa dependencia le dijeron que no es posible hasta que el terreno en su totalidad esté escriturado, condiciones que las autoridades de la escuela están tramitando. "Ya nos visitó Catastro, pero ahora necesitamos que la Dirección de la Niñez defina exactamente hasta dónde se extiende la zona que nos donó -sostuvo Tello-. Creo que no van a demorar en hacerlo porque entienden nuestra necesidad. Y la de cada alumno, que se desanima al ver que después de tanto esfuerzo, su trabajo murió por falta de agua".

