La seño Claudia se acercó a una de las aulas para conversar con una familia y se sorprendió al ver a Julieta, una niña de ojos tímidos y sonrisa plena que la abrazó con fuerza. Claudia había sido la maestra de Julieta el año pasado y se reencontraron en esa sala de la escuela Torres, en Pocito. No fue porque la niña fue a rendir un examen o pedir datos antes del inicio de clases. Fue porque Julieta y su familia están evacuados y el abrazo se dio entre sonrisas y ojos húmedos. Ya van cuatro días en que en algunos establecimientos conviven los maestros que empezaron el lunes con las planificaciones anuales y las familias que se quedaron sin casa y viven en las aulas, como en las escuelas Rudecindo Rojo y J.M. Torres, de Pocito. Tanto docentes como damnificados describieron esa convivencia como extraña, pero que tratan de respetarse en los espacios y en el trato diario.
En la Rojo, la vicedirectora María Padilla explicó que las 12 aulas del establecimiento están ocupadas con familias evacuadas, por lo que los docentes trabajan en las dos salas de Nivel Inicial, ubicadas en la parte delantera del predio. Y dijo que hoy, tendrán que adecuarse en esos mismos lugares para tomar exámenes. ‘Como son salitas chicas, pondremos distintos bancos para que vayan rindiendo los niños. No hay otra opción ni lugar’, explicó.
‘Yo ya quiero irme y pensar en el regreso de mis hijos a la escuela desde mi casa, no alojada en un aula. Aunque las maestras están del otro lado, nosotros tratamos de no hacer tanto ruido mientras trabajan y entre las madres nos rotamos para limpiar las galerías y los baños’, contó Nidia Díaz, madre de siete niños y quien perdió todo por las lluvias, en el asentamiento Chacabuco.
En la escuela Torres, de calle 9 y Vidart, ayer sólo había cuatro familias evacuadas, en 4 de 12 aulas. Allí los niños jugaban al tejo en el patio y los adultos trataban de que no se alejaran, para cuidarlos y para no interrumpir la actividad docente. Algunos chicos evacuados son alumnos de esa escuela y las docentes contaron que al conocerlos es distinto el trato. Dijeron que los niños constantemente las saludan y que algunos padres se comprometieron a cuidar las instalaciones mientras tengan que estar ahí. ‘Las docentes son grandes personas y algunas vinieron a preguntar si necesitábamos algo. Es un sensación rara esto de estar viviendo en un aula en la que mis hijos estudiaron’, señaló Claudia Giménez, madre de 3 chicos.

