"Entraba a cada clase como si saliera a una función de teatro. Lo vivía así, de una manera apasionada, dando lo mejor que tenía", cuenta Berta Kleingut de Abner. Quizá por eso, algunos ex alumnos hoy recuerdan esa forma tan particular de enseñar, de leer cuentos. No era sólo por el tono o la forma de leerlos, sino por la selección que hacía Berta de cada fragmento de cualquier libro: buscaba un cambio, impactar al estudiante. Hoy, la mujer que está considerada como la pionera de la investigación teatral de San Juan y un referente de la cultura, dará su última clase y le pondrá fin a más de 40 años de docencia. Será un homenaje de la Facultad de Filosofía a una mujer que fue clave en la apertura de espacios para el análisis crítico de lenguajes artísticos.
Berta de Abner logró su amplio currículum después de ser esposa y madre y tras varios intentos infructuosos de estudiar en la universidad, primero en La Plata y luego en San Juan. Fue profesora de Lengua y Literatura Castellana, luego obtuvo un magister en Letras y después se convirtió en Doctora en Letras por la Universidad de El Salvador.
Trabajó en radio, televisión y gráfica, con espacios dedicados al análisis crítico de expresiones de arte y abrió una veta no explorada en el ámbito académico, que fue la investigación teatral universitaria al gestar el Programa para el Desarrollo de la Investigación y la Creación Dramática (Dricdra), en el Instituto de Literatura Ricardo Güiraldes. "Cuando comencé a trabajar en la facultad enseñaba literatura de habla no hispánica. Y eso era algo monstruoso de manejar, así que había que acotar, seleccionar. Entonces, investigando, me di cuenta que había un género que no tenía precedentes acá, el género dramático. Y se abrió un espacio, un semillero que se mantiene hasta hoy", dice Berta. "Luego vino un proyecto con alumnos e hicimos el Encuentro Medieval, en la biblioteca de Filosofía, con invitados de otras provincias. Y fue una fiesta, una fiesta que dura hasta hoy. De ahí nació el Programa Dricdra, de ahí salió gente con vocación para escribir obras dramáticas, gente que uno ve en las Fiestas Nacionales del Teatro, que fueron semilla, que hoy son presente y que serán futuro", afirma.
Berta nació en Buenos Aires y es hija única de Elisa, oriunda de Rusia, y de Nathan Kleingut, un austríaco que trabajó en distintos rubros pero quien para no anular su veta artística se pagaba las clases de violín pintando cuadros. Fue en las reuniones familiares que empezó a cantar canciones rusas y luego arias, ya de adolescente. "Tenía buena voz, pero la perdí cuando empecé a fumar", admite.
Berta se casó con David Miguel Abner (fallecido en 2001) tras flecharse en un "asalto’, esas reuniones de imprevisto, en Buenos Aires. Y pese a que no quería salir de su provincia, el amor la trajo a la tierra de su marido en 1959. "Yo estaba acostumbrada a vivir en departamentos y el día que desde la ventana de la cocina vi a mis hijos jugando en la vereda me enamoré de San Juan", confiesa. Mamá de Claudio y Jorge, abuela de cuatro nietos, con los años se hizo apasionada del tango y el fútbol, que antes miraba de soslayo. Berta ya no canta, pero tararea música clásica, jazz y hasta reggaeton.
Pese a reconocer que tiene pocas publicaciones, Abner sacó a la luz Léxico Dramático; Lenguajes y Lecturas: Literatura, Teatro, Cine; La Vida del Teatro en la Cultura del Joven Sarmiento y numerosos estudios. "Estoy muy emocionada por esta última clase. Son días de balance y aunque uno nunca termina de hacer todo lo que quiere, creo que con la vida estamos a mano", cierra.

