Antes de comenzar con la transformación, era un camión chico, un Ford 350 de la década del ’70. Dos meses después, quedó convertido en una flamante autobomba a estrenar. Y lo sorprendente es que al trabajo no lo hicieron profesionales especializados en mecánica, sino que lo realizaron los mismos bomberos que trabajan en forma voluntaria en el cuartel Juan Edulio Cuello, de Chimbas.

Ni ellos mismos creían que fuera posible. El que llevó un día la idea al cuartel fue Sergio Cuello, el presidente de esa entidad llamada Asociación de Bomberos Voluntarios. Y ninguno de sus 15 miembros pensó que esa idea se podía hacer realidad. Pero, cuando vieron que Cuello se puso a cortar caños mientras les explicaba lo que tenía en mente, le siguieron la corriente.

Los primeros en animarse a la transformación fueron el mismo Cuello y Mario Osorio, ambos metalúrgicos. A los pocos días, cuando comenzaron a ver algunos cambios, ya todos se sumaron al proyecto. Tanto que empezaron a trabajar en el camión todos los días y, a veces, sin descanso ni siquiera durante los domingos.

Con folletos, fotos y planos copiaron hasta donde pudieron el formato de otros camiones hidratantes, lo demás lo resolvieron solamente con el ingenio. Primero armaron la estructura de las cabinas con caños y chapones, luego instalaron la bomba de agua y la cisterna, armaron todas las puertas y portones, en la cabina de los bomberos pusieron el sistema de puertas "alas de gaviota" (porque se abren para arriba y no para los costados) con policarbonato de alto impacto.

También instalaron persianas en la cabina de materiales y un carretel con 45 metros de manguera, retocaron toda la carrocería, pusieron butacas y escaleras, tapizaron las paredes con felpa, colocaron las balizas, luces de emergencia y un piso de goma antideslizante, hicieron arreglos de chapa y, por último, pintaron todo.

Así, la tarea les llevó sólo dos meses. Cuando quedó terminada, los que la vieron andando en la calle no creyeron que se trataba del mismo vehículo. Para el que lo vio en su estado original es difícil imaginar que ese viejo modelo Ford, que tenía sólo la cabina y una caja trasera vacía, ahora sea una reluciente autobomba con capacidad para almacenar 1.200 litros de agua y tres cabinas independientes: una para el personal, otra para la bomba y cisterna, y otra para el carretel con la manguera y los demás materiales de trabajo.

Los voluntarios calculan que la inversión total fue de unos 65.000 pesos, la décima parte de lo que costaría, según ellos, una movilidad nueva de similares características. Sólo faltan pequeños detalles para terminar su obra, como por ejemplo, la compra de dos cubiertas. Un subsidio nacional les facilitó la cuarta parte de los recursos que necesitaban para poder hacer los trabajos. El resto lo consiguieron con las donaciones que reciben de los vecinos en su campaña Amigos Solidarios.

El destino de esta nueva autobomba es la nueva dotación de bomberos voluntarios que está por inaugurarse en Rivadavia y también llegar antes a los incendios, mientras esperan la autobomba que ya las fue donada, más grande, pesada y con mayor capacidad de almacenamiento, pero que aún duerme en el puerto de Buenos Aires.