Ni sirenas, ni camionetas último modelo. Todo lo necesario para asistir a los expedicionarios fue sobre una mula carguera a la que llamaron “mula ambulancia”. Guiada por Matías Espejo, uno de los médicos de la expedición, fue la más cuidada por lo que tenía que transportar. Aunque los equipos que llevó no tuvieron que ser usados porque no hubo accidentes graves, la mula recorrió toda la cordillera. En este cruce, donde hubo más de 20 expedicionarios que terminaron en el piso por cinchas mal ajustadas o demasiado apretadas, no sufrieron heridas de gravedad. Lo que más preocupó fue el estado de Julio “Rulo” Arredondo, el cantor del Cruce, que tuvo que ser trasladado a la ciudad en helicóptero desde el refugio de Sardina porque tenía traumatismo en el tórax y hematomas en la pierna izquierda. En uno de los descansos, una mula enloqueció y el hombre terminó en el suelo.
Paspaduras, ojos irritados, una expedicionaria con síntomas de mal de altura, fiebre, tos, contracturas por la mala posición en la mula y dos esguinces, fue el saldo que lanzó esta travesía. Los médicos contaron que para la cantidad de gente y comparándola con otras ediciones, no hubo accidentes de gravedad.
Sin embargo, la mula llevó consigo todo lo necesario para tratar patologías complicadas que suelen darse en la altura. Tubos, máscaras, aparatos para pacientes cardíacos y con problemas respiratorios, drogas para calmar el dolor, para anestesiar y ansiolíticos. Todo esto quedó guardado y sólo vio la luz cada vez que los médicos acomodaban la carga.
Matías Espejo, Diego Sánchez, Sebastián Carbajal y Sonia Sánchez, además de un médico de Gendarmería fueron los encargados de velar por la salud de los jinetes del Cruce.

