Están quienes sostienen sin aportar absolutamente ninguna prueba documental, que Juan Eugenio de Mallea, quien acompaño a Juan Jufré en la tarea de fundar nuestra ciudad, se caso con una princesa huarpe hija del Cacique Angaco, llamada Ñusta.

Sostienen además que la chica primero habría sido bautizada el jueves 20 de mayo de 1563, día de la Asunción de la Virgen, por lo que habría recibido el nombre cristiano de Teresa de Asencio.

Posteriormente, antes de 1570, se habría celebrado el casamiento producto del cual habrían nacido varios hijos. Para esa época la única habilitada para celebrar bautismos y casamiento era la Iglesia Católica, el estado no tenía entonces ningún tipo de intervención. Por esta razón para afirmar históricamente estos datos es imprescindible aportar los registros parroquiales de ambas ceremonias cosa que hasta el momento nadie lo ha hecho.

Va ser difícil realizarlo porque durante sus primeros años nuestra ciudad no contó con ningún sacerdote.

Quienes sostienen la creencia del casamiento también afirman, que este posibilitó que la pareja recibiera en herencia los extensos campos de Angaco, que pertenecían al padre de la novia. El problema es que todas las tierras desde California hasta la Patagonia y por derecho de conquista pertenecían al Rey de España y que solo este o sus delegados en estas tierras podían concederlas en forma de mercedes a los particulares. Siempre y cuando se probasen importantes servicios al Rey o a los intereses de la Corona. Es por eso que Mallea, no va esperar la herencia de su supuesto suegro, y aprovechando la presencia del, hijo del fundador, en la ciudad le va a pedir una merced de tierras acorde con los servicios prestados. Lo que va llevar a que Luis Jufré establezca que:
‘por cuanto por parte de Juan Eugenio de Mallea se me ha hecho relación diciendo que para sustentar su casa y vecindad, en esta ciudad de San Juan de la Frontera, tiene necesidad de tierra, para chacra estancia y caballería y que suplico se le diese para el dicho efecto. Es por mi visto el dicho su pedimento, y constarme el caso de haber servido a su Majestad, particularmente en la población y conquista de esta provincia, y en virtud de los reales poderes que para ello tiene el gobernador de este dicho reino, hago merced al dicho Juan Eugenio de Mallea de doscientas cuadras de tierra, a una legua de esta dicha ciudad , adonde atraviesa la acequia del inca, y de dicha acequia debajo de la una parte, y otra que se mida por donde hubieran tierras de provecho para sembrar hasta que se cumplan las dichas doscientas cuadras‘.

Años después, ya viejo, Mallea acordó con el convento de Santo Domingo un conjunto de misas rezadas y cantadas siendo su deseo que participasen de ella ‘su padre, su madre y su mujer Teresa de Asencio, que en gloria sea‘. Esto lo estableció el 31 de octubre de 1606, para entonces era evidente que su esposa había fallecido. De lo que se puede inferir que matrimonio religioso en algún lugar y fecha hubo, lo que de ninguna manera da pie a sostener que era hija de un cacique indio del cual heredo tierras.

El historiador chileno José Luis Espejo sostiene que Teresa de Asencio nació del otro lado de la cordillera más precisamente en Valdivia siendo parte de la familia Asencio-Guerrero, fundadores de la ciudad. Si esta afirmación es respaldada por pruebas documentales podríamos decir que la Sra. de Mallea poca sangre india tendría en sus venas.

Sin embargo hay algo interesantísimo cual es que Domingo Faustino Sarmiento en su libro Recuerdos de Provincia, afirma sin ningún tipo de apoyatura documental que Mallea: ‘casado en San Juan con la hija del cacique de Angaco, que se llamo doña Teresa de Asencio, le trajo en dote muchos pesos de oro y diole varios hijos‘. Y muy probablemente dice esto porque era lo que en San Juan se creía cuando él escribe su obra y en ese sentido se limita a repetir una leyenda.

Como toda leyenda es una construcción popular y en este caso de mucha belleza, porque los pueblos originarios pasan a tener un protagonismo muy importante mediante el casamiento de una de sus princesas con un esforzado capitán. La realidad fue bien diferente ya que los huarpes fueron explotados casi hasta su total extinción para asegurar el desarrollo de la naciente colonia española. Del Cacique Angaco o de Angaco, no hay absolutamente ninguna prueba de su existencia, aunque en el sentimiento popular tuvo un rol romántico y poético en nuestro crecimiento. La leyenda es una respuesta hermosa, la historia es otra cosa y es importante que no confundamos literatura con historia.