La bodega tenía las maquinarias más modernas, electrificada completamente, la usina tenía tres motores: uno de 50 hp, otra de 15 a petróleo crudo y otra de 20 a vapor. Este establecimiento marcó un alto grado de perfeccionamiento industrial.

En el libro La República Argentina, Región de Cuyo, editado en 1921-1922 por Molins y Danti se señala que "la fachada simple, con un plan original, la nave central construida a todo costo, simplificando en lo posible la mano de obra. Allí se produce la fermentación, destinándose el núcleo de piletas laterales para el almacenamiento. Desde el lagar, hasta la maestranza, la tonelería y el departamento de expedición. En todas partes advertimos un orden y aseo admirables… hasta su ubicación pintoresca, en pleno valle, frente a las serranías azules, donde se oculta el sol, parece contribuir armoniosamente al aspecto de este emporio industrial… su ubicación junto al ferrocarril Pacífico y en zona de intensos cultivos es inmejorable".

Emilio ensayó diferentes tipos de injertos, técnica de avanzada para la época. En sus manuscritos resalta el tipo Cadillac, Mayorquino, de estaca, herbáceo (de anillado o esudo a ojo dormido) y herbáceo de tallo a ojo despierto. Logró éxitos de prendimiento del 70 % con el injerto de estaca. Muy innovador, realizó el injerto sobre mesa en cámara de forzadura en camas calientes.

Contra la lucha del pulgón de la filoxera que ataca la raíz de las vides, como buen químico que era, ensayó la inundación de los cuarteles con agua de riego y la aplicación de sulfuro de carbono. En sus manuscritos describe el poder tóxico indiscutible del sulfuro sobre el insecto ya que lo mata directamente pero que en el terreno no la destruye completamente y es un método muy caro. Por eso estaba convencido que la única lucha eficiente y barata era plantar vides injertadas sobre pies resistentes, tal como se realiza en la actualidad. Todo un pionero.

Don Emilio tenía gran sensibilidad social y un adelantado para la época. Fue concejal ad-honorem de Pocito. Consciente de la necesidad de consuelo y solidaridad, en las casas humildes cuando había un fallecimiento, era el primero en llegar, haciéndose cargo de los trámites y gastos de sepelio.

Ante la falta de mano de obra, recibió a 80 inmigrantes españoles, hizo acondicionar convenientemente los galpones, para alojarlos transitoriamente. Les buscó ocupación a unos, a otros en la misma bodega y parrales. Muchos de ellos se hicieron ricos. Hizo construir casas para los empleados, cómodas y amplias. Al vender parte de la propiedad, a los obreros les seguía pagando el salario hasta que se jubilaran. Iglesia, escuela, biblioteca, club deportivo, todo lo que significara aliviar al prójimo en sus pesares estaba en su mente y actuación.