Todos la conocen como la cocinera de los perros. Ella es Marina Rosa Díaz, una mujer de 77 años que diariamente va a la plaza de San José de Jáchal y alimenta a unos 15 perros callejeros. ‘Para mí no cocino nunca, compro comida preparada, pero para los perritos todos los día les hago polenta con verduras y menudos de pollo. Después que la comida está lisa y la distribuyo en algunos recipientes, la caliento en el microondas para que coman todo caliente’, dijo la mujer que camina varias cuadras para llegar a la plaza y que también compra alimento para perros para darles +variedad+.

En Jáchal, Marina es popular por lo que hace con los perros y habitualmente es felicitada por los jachalleros.

Con algunas ñañas propias de la edad y con una fortaleza admirable por los golpes que le dio la vida, la mujer encontró en los animales un cable a tierra. Toda su vida estuvo acostumbrada a cocinar para muchas personas y por eso sigue haciendo tanta comida para todos los perros que viven en la plaza departamental y siempre con mucho amor. Cocinaba para muchos porque junto a su esposo, que falleció hace unos años, tuvo 12 hijos. Con el paso del tiempo perdió a 7 hijos y ahora vive sola porque los demás ya tienen sus familias.

‘No tengo otra cosa para hacer. Por eso los perros son mi compañía y me encanta cocinarles. Les hablo y juego con ellos un rato. Si no paso tiempo acá tengo que estar encerrada en mi casa’, dijo. Además de cocinar para muchos, su vida siempre estuvo vinculada a los animales. Durante muchos años vivió en Buenos Aires y allá trabajó en un hospital veterinario. Entonces, el amor por los perros la acompañó siempre. Marina contó que nació en Villa del Carril, en el departamento de Capital, pero se fue a Buenos Aires a vivir cuando era chica: Sin embargo, cuando se jubiló su esposo se fueron a vivir a Jáchal para disfrutar de la tranquilidad del pueblo. ‘Conocíamos Jáchal por algunas vacaciones y nos encantaba’, dijo

Camina con un carro, que ella misma fabricó de manera artesanal, cargado de recipiente con comida. Cuando ella llega a la plaza silba dos o tres veces y los perros saben que Marina ya está lista para alimentarlos. Siempre se sienta en el mismo banco y espera que de a poco los animales comiencen a llegar. A todos lo bautizó con nombre fáciles para recordarlos. Está el Flaco, el Negro, el Gordo, Blaquita y unos más.

La mujer, es jubilada y cobra una pensión por el trabajo de su esposo. Sin embargo, dijo que le cuesta mucho poder comprar todos los meses la comida para los perros. ‘Por mes compro paquetes de polenta y gasto aproximadamente 400 pesos. Además por día compro 25 pesos de menudos de pollo y verduras. Con eso alimento a unos 15 perros, aunque hay veces que son más. Y no comen polenta barata, porque si no se hacen pelotas y no sirve. Al final gasto más plata si compro cualquier comida’, dijo mientras alimentó a los perros. Además de sacar plata de su bolsillo para comprar la comida, la mujer recibe donaciones de algunos vecinos que la ayuda para que ella pueda seguir con esta loable tarea. Hay un comerciante que le suele regalar paquetes de polenta y otros que le dan dinero. ‘Cuando estoy enferma y no puedo salir de casa, me entristece pensar que no comen. No sé qué va a ser de ellos cuando me muera’, concluyó.