Algunos aún respiran agitados y otros tardan en responder las preguntas porque dicen que se sienten tan cansados que hasta les cuesta pensar antes de hablar. Incluso, comentan que siguen sintiendo dolores de cabeza. Sin embargo todos coincidieron en que sienten mucha incertidumbre y que eso no les permite relajarse ante la enfermedad que tanto miedo da en el mundo entero. Es que no saben si se pueden volver a contagiar y hasta tienen miedo de que aún tengan el virus a pesar de que ya pasaron más de 14 días aislados. Ellos son un grupo de sanjuaninos que vencieron al Covid-19 desde sus casas y hasta desde Terapia Intensiva y hoy siguen batallando para cuidar al resto de sus familias y sus contactos. Antonella Grattarola, Emanuel Baspineiro, Marisa Gómez y Alejandra Castro relataron cómo ellos y sus familias pudieron llevar la enfermedad, qué sintieron mientras se recuperaban y cómo se encuentran luego de haber enfrentado al coronavirus.

 

  • Angustiado, incomunicado y sin saber si había nacido su hija

 

Emanuel Baspineiro tiene 33 años y es uno de los penitenciarios que se contagiaron de coronavirus. A pesar de que estuvo 14 días internado, dijo que lo más duro que vivió fue estar incomunicado con su esposa que está embarazada, a la que mañana le harán una cesárea.

"Sentía adormecimiento en los huesos, pero nada más. Llamé al 107 cuando me empezó a faltar el aire y me dio miedo porque vivo con mi señora que está por tener familia. Cuando me hisoparon directamente me dejaron en el hospital porque tenía líquido en los pulmones, según una tomografía que me hicieron", dijo Emanuel y comentó que ahí comenzó a vivir los días más duros. Pues si bien podía charlar hasta con los que limpian el hospital, extrañaba mucho a su familia. "Un día se me quedó sin batería el teléfono y no tenía con qué cargarlo. Pasé 3 días incomunicado. Al tercer día un médico me preguntó cómo estaba de la cabeza y me largué a llorar como un niño, le conté que mi mujer estaba a punto de ser mamá y no sabía nada de ella ni mi hijita. Me pidió que me quedara tranquilo y a las horas me trajo un cargador y me comentó que se había comunicado con mi familia para que me lo trajeran", relató el penitenciario mientras la voz se le quebró en varias oportunidades. Agregó que ese día fue el mejor de todos: pasó horas leyendo los más de 900 mensajes que tenía y pudo hacer una videollamada con su esposa, quien le comentó que ella no estaba contagiada de Covid-19, una noticia que le dio más fuerzas para salir del hospital. Cuando ya llevaba 13 días en el Rawson lo trasladaron al hospital de Albardón. "Ahí le dije a una médica si dejaban que me levantara de la cama porque me estaba volviendo loco del dolor de espalda. Pude al menos caminar alrededor de la cama", agregó y dijo que si bien le explicaron que hay un 95% de posibilidades de que no se contagie otra vez, él siente mucho miedo de volver a contraer el virus y sobre todo de que su familia se enferme.

 

  • Encerrados en familia, pero sintiéndose solos

 

"Hace una semana que ya tenemos el alta. No sabemos cómo ni dónde nos contagiamos, pero los 4 dimos positivo. Mi mamá y yo tuvimos síntomas, y mi hermano y mi papá no". De esta forma, Antonella Grattarola empezó a relatar la historia de ella y su familia compuesta por María Eugenia Moreno (51), Marcelo Carlos Grattarola (50) y Lorenzo Grattarola (18). Cuando comenzaron con el aislamiento se encerraron de manera individual en la misma casa, porque no sabían quién tenía Covid y quién no, pero cuando les dieron los resultados volvieron a estar juntos y a cuidarse entre ellos. "Era feo porque estábamos con fiebre y dolor de cabeza, pero no podíamos ayudarnos al principio. Nos pasábamos la comida por las ventanas y cada vez que nos traían algo de afuera desinfectábamos todo. Incluso hasta desinfectábamos la basura que sacábamos y la etiquetábamos para que los recolectores supieran que teníamos Covid-19", comentó la joven que tiene 20 años y que al principio creía que a ella el virus no le iba a dar síntomas, pero no fue así.

Si bien los síntomas que tuvo no fueron muy fuertes, sí le causaron mucho malestar; y dijo que lo peor que sintió fue no saber si había contagiado a alguien. "Nos ponía muy mal saber que habíamos estado llevando una vida relativamente normal. Mis papás trabajaban y yo había empezado a entrenar -juega al hockey- y nos daba mucho miedo", agregó y dijo que ellos de a poco están retomando su vida normal y que ahora están analizando la posibilidad de ser donantes de plasma para ayudar a personas que la pasan peor que ellos.

"Los médicos nos dijeron que podíamos volver a la rutina, pero que mejor si lo hacemos paulatinamente, porque aún sentimos cansancio. Además, supuestamente no te volvés a contagiar, pero a la vez las informaciones cambian tanto que eso te genera dudas", concluyó y dijo que a pesar de que ya tuvieron la enfermedad piensan seguir con los cuidados extremos.
 

 

  • Una experiencia marcada a fuego

 

 

Ahora juntas. Alejandra Castro y su mamá ahora están juntas, pues la mayor tiene todavía Covid-19. Es por esto que siguen en aislamiento social para evitar más contagios.

 

Alejandra Castro tiene 48 años, lleva una vida saludable y nunca pensó que el Covid-19 fuera a debilitarla tanto, al punto de hacerla pasar varios días en Terapia Intensiva del hospital Rawson. Y a pesar de que dice que los dolores físicos que sintió fueron incomparables e indescriptibles, asegura que lo que más la marcó es ver cómo sacaban a dos "viejitos en bolsas negras" y que eso la angustia mucho porque su mamá de 74 años está transitando en este momento la enfermedad.

"Trabajo de ordenanza y estaba limpiando unas oficinas cuando unas compañeras me dijeron que me iba a intoxicar con el olor a lavandina y yo no lo sentía", dijo la mujer que al principio sólo sintió eso, pero que con el paso de los días los síntomas le comenzaron a pasar factura.

A los 3 días de hisopada el dolor de cabeza y de cuerpo se hicieron insoportables, y dijo que lo que más la asustó es que respiraba con mucha dificultad. "Se dieron cuenta que saturaba muy poco, me pusieron oxígeno y me llevaron al hospital de Media Agua. Después me trasladaron a Terapia porque tenía ambos pulmones tomados. En el hospital de Media Agua vi a un viejito que estuvo cerca mío 3 días sin hablar y la última vez que lo vi lo sacaron en una bolsa. En el Rawson me pasó algo similar. Veía a las enfermeras correr y gritar para salvar a un hombre y luego vi la misma bolsa. Eso no se me borra más", agregó y dijo que a pesar de que ya lleva casi una semana con el alta médica aún no se siente bien. Comentó que se siente rara, que le cuesta caminar y hasta hablar y que eso la pone muy nerviosa en ocasiones. "Es como que despierta tengo apnea -trastorno del sueño en el que la respiración se detiene y vuelve a comenzar repetidamente- y tengo que pensar las cosas dos veces porque siento que estoy equivocada", agregó y pidió que todos extremen sus cuidados para que no tengan que vivir lo mismo que ella.

 

  • Con mucho miedo, pero aferrada a la fe

 

 

De vuelta al trabajo. Marisa ya retomó su actividad laboral. Dice que le cuesta un poco porque se cansa y se agita. A la vez comentó que no se saca el barbijo, por temor a volver a enfermarse.

 

"Antes de contagiarme sentía respeto por la enfermedad, pero pensaba que no me iba a hacer nada. Cuando comencé a sentir los síntomas el miedo fue creciendo", dijo Marisa Gómez que tiene 54 años y que tuvo que enfrentar al Covid-19 junto a su hijo Leonardo Gómez, su nuera Camila Naveda y su nieto de tan sólo 2 años, Giovanni Gómez.

Marisa comentó que la primera que tuvo síntomas fue su nuera. "La pasé muy mal, pero lo más duro son las cosas que uno piensa cuando está en la casa. Leía noticias de gente de mi edad que se moría y me daba mucho miedo. Soy muy creyente y le pedí mucho a la Virgen. Hablaba con ella y le decía que no me quería ir y que quiero ver a mi nieto crecer", dijo y comentó que ellos recibieron mucha ayuda de sus compañeros de trabajo, quienes además de llevarles mercadería les llamaban a diario para ver si necesitaban algo. "Yo tengo a mi mamá y mis hermanos en Caucete y se les complicaba venir a ayudarnos, y mis compañeros nos hicieron sentir acompañados", agregó.

Tener Covid-19 fue una dura prueba que pasaron. Es que, si bien ninguno tuvo un cuadro complicado, sintieron síntomas que les hacían muy difícil seguir el ritmo del nene que estaba como si nada pasara. "Gracias a Dios mi nieto no sintió nada. Él sólo quería jugar y muchas veces no entendía que nos sentíamos muy mal. Además de eso, es muy duro estar con él y no poder abrazarlo o besarlo, por miedo a contagiarlo. Uno sabe que de esa manera lo cuida", dijo y comentó que los síntomas más fuertes que tuvo fueron el dolor de cabeza, que sólo se le calmaba cuando se recostaba, y el de garganta. "Yo estaba muy asustada porque soy fumadora y fumo mucho. Cuando tragaba agua era como si me pasara arena por la garganta, esa sensación no me la puedo borrar de la cabeza. Esta enfermedad nos tiene que servir para replantearnos estas cosas y tratar de mejorar y dejar los malos hábitos", concluyó.