Como si quisiera extender todo lo posible el momento, el fray Walter Cena celebró una misa de dos horas. Fue la misa del ‘Chau’, como la denominó, en su resistida despedida de San Juan, que movilizó a la comunidad franciscana para impedir que se vaya. Pero anoche, en la parroquia San Francisco, Walter dijo adiós en una ceremonia a templo lleno y los fieles lo terminaron ovacionando, entre lágrimas, sollozos y abrazos. Antes, durante la homilía, usó un cuento que hablaba de un jardinero y los cambios que le realizaba a una caña en el sembrado para dar a entender sus sentimientos. ‘Así como la caña, me siento trasplantado y vaciado. Duele muchísimo’, confesó, en una frase que dejó sensaciones ambiguas sobre su alejamiento, pues la semana pasada y ante el reclamo popular había pedido que lo dejaran ir.

Fray Walter Cena generó movilizaciones y protestas de padres y alumnos del Colegio San Francisco para evitar su traslado, luego de que el sacerdote presentó una renuncia. Pero finalmente, Walter confirmó su desplazamiento y su última misa anoche tuvo una fuerte carga emocional. Niños, jóvenes y adultos lloraron todo el tiempo, el propio fray se quebró durante un pasaje y las canciones tuvieron un disfrute diferente, el de saber que era por última vez.

La misa rompió con ciertos protocolos, como cuando hubo un paréntesis para darle regalos. Fueron simbólicos, como unas sandalias de papel para remarcar su camino andado y su humildad, un morral con lo que cosechó, un CD con las voces de los chicos de colegio, las gracias de la familia del caso de la chica agredida en Santa Lucía y abrazos del barrio La Capilla.

Las canciones fueron extensas. Nadie se quería ir. Pero fray Walter tomó envión y antes de enviar a sus fieles en paz, les dijo: ‘Nada puede no ser cuestionado. Gracias, muchas gracias’. Y entonces recibió una extensa y emotiva ovación de los asistentes, de pie, con lágrimas y sin ocultar el dolor de la despedida.