Carlos Loiseau (con las primeras sílabas armó su pseudónimo) nació en 1948 en Salta, donde se conocieron sus padres. Fue autor de unos 30 libros de historietas y del ciclo de televisión “Caloi en su tinta”, destinado a difundir el género. Inició su carrera en 1966 en Tía Vicenta, la primera revista de humor político del país, pero su popularidad escaló en 1973, cuando creó Clemente, símbolo del hincha argentino durante el Mundial de Fútbol 1978 y que en el 2004 fue declarado Patrimonio cultural de la Ciudad por la Legislatura porteña. Clemente -que nació como un actor secundario de Bartolo el maquinista, y pasó a tener su tira propia, con amores como Mimí y La mulatona- llegó a la TV en 1982 y desde hace décadas se publica el diario Clarín (la de arriba es la que salió ayer).

Inquieto y comprometido, el hincha de Ríver acababa de estrenar “Anima Buenos Aires”, un filme de animación colectiva sobre distintas historias en la capital argentina en el que trabajó con su segunda mujer y compañera María Verónica Ramírez y sus colegas Carlos Nine, Pablo y Florencia Faivre, entre otros.

Padre de Tute, también historietista y a quien admiraba, creó “Miradas animadas´, una sección del Festival de Cine de Mar del Plata, cuyo objetivo era reunir y difundir las mejores obras del cine de animación local e internaciona. Y en 2009 fue distinguido como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, en reconocimiento a su trayectoria.