La madera es uno de los materiales con mejores características estéticas y de durabilidad, para revestir el piso. Para mantenerlo limpio y brillante hay que seguir tres pasos: limpiarlo bien para evitar manchas y posibles rozaduras, pulir su superficie para eliminar las impurezas y, en último lugar, darle unas capas de barniz y cera para protegerlo de las actividades de la vida diaria.
Para conseguir una limpieza a fondo, primero hay que comprobar que no haya clavos o astillas. Luego aplicar uno de los muchos productos indicados para limpiar madera que hay en el mercado y dejar que se seque por completo. No es aconsejable mojar la madera en exceso, pues los componentes químicos que contienen estos limpiadores pueden afectarla y deteriorarla.
Si se comprueba que el suelo tiene carcoma, se deberá tratar la madera con insecticidas antes de limpiarlo. Una vez que los productos químicos hayan hecho su efecto, tapar los orificios con pasta de madera.
Una vez la superficie esté bien limpia y sin restos de carcoma, se puede proseguir al pulido. Éste es un procedimiento muy sencillo. Sólo se deberá lijar las tablas de madera y después barrer el suelo o pasar la aspiradora para evitar que el polvo generado se mezcle con el barniz que se aplicará a continuación.
Según el estado en que se encuentre el parqué, se pasarán diferentes tipos de lija una, dos o hasta tres veces consecutivas para conseguir un acabado perfecto. En la primera pasada, es conveniente utilizar una lija de grano grueso para eliminar todos los restos. En la segunda, una de grano medio para igualar la superficie y, para alisarla, termina con una lija de grano fino
Para conseguir un buen acabado, deberá barnizarse. Aplicar el barniz a la madera siguiendo siempre la misma dirección y extendiendo bien. Cuando el suelo esté bien seco, volver a lijar y, a continuación, dale una segunda capa. Si el suelo es relativamente viejo, se puede barnizarlo hasta cuatro veces.
