Mientras que algunos llegaron al cerro con los abuelitos o los bebés recién nacidos, otras familias no quisieron que ni las mascotas se perdieran el gran cierre. Malvina, una perra salchicha de 3 años, fue una de las que estuvo sentada sobre su almohadón en el cerro. Al igual que ella, hubo otros perros que junto a sus dueños disfrutaron del festejo.
“Es un día digno de celebrar en familia y para nosotros, Camilo (un perrito callejero), es un hijo más”, dijo Marcelina Córdoba y contó que como tenían pensado pasar muchas horas en el cerro le llevaron comida, un recipiente para que tomara agua y hasta una mantita para taparlo por si hacía frío. Sac, un caniche blanco, fue otro de los que disfrutó de la fiesta junto a la familia Argüello, sus dueños. Dijeron que todos los años van al cerro y nunca lo había llevado, y como el perro es tranquilo esta vez decidieron que participara de la fiesta con ellos.
El festejo en las gradas naturales se vivió en familia. Los Martínez, Flores, Caballero y Balanta fueron algunos de los que participaron en grupos grandes. Incluso, esta vez, la fiesta sirvió para unir a 4 generaciones de una misma familia. “Somos una familia grande. Vino mi mamá, mi abuela, mis hermanos y mi bebé de 3 meses”, dijo Lorena Flores, una chimbera de 22 años que todos los años asiste a la fiesta junto a su gente. “Ya es un clásico. Todos sabemos que es un sábado que sirve para que vivamos experiencias únicas”, agregó la joven.
BIEN PREPARADOS
Para que el festejo pudiera ser disfrutado de la mejor manera, la gente llegó al cerro bien preparada. Las conservadoras llenas de bebidas frescas y mucha comida fue lo que no faltó en ningún grupito de personas. Mientras que el mate también se convirtió en el compañero inseparable, sobre todo durante la tarde.
Pizzas, empanadas, sánguches de milanesa o jamón crudo y tartas fueron algunos de las delicias más repetidas. Sin embargo, hubo muchos que dijeron que dejaron la carne, el parrillero y la leña en el baúl del auto para hacer asado una vez que el espectáculo terminara.
Además de la comida, la gente llevó sombreros y protector solar y hasta paraguas por si llegaba a llover. “Tenemos el auto lleno de camperas y frazadas por si empieza a hacer frío. Porque de acá no nos vamos hasta las 5 de la mañana”, contó Lucrecia Rodríguez, de Capital, que fue al cerro junto a una familia entrerriana que llegó a vacacionar a San Juan. También estuvieron los que llegaron al cerro con sillas, reposeras, colchones inflables y hasta carpas para que los chicos durmieran cuando terminara el espectáculo. Es que mucha gente decidió quedarse a cenar en el cerro para esperar que el grueso del público desocupara la zona del Autódromo. “De esta forma evitamos esperar y hacer filas”, dijo Ricardo Antúnez, que llegó desde Angaco en familia.

