Empezó a jugar este año y lo quieren todos. Donde va, termina haciéndose de amigos, es el más alentado porque regala muchos años en relación a compañeros y rivales y, fundamentalmente, elogian su entrega y entusiasmo. Se llama Jonás Abaca y apenas tiene 5 años. De todas las inferiores en la provincia, es uno de los jugadores más chicos pues el promedio de edad en iniciación deportiva es de 8 a 10 años. En tanto, se hizo popular por su carisma.

Jonás juega en la UNSJ y casi todos sus compañeros de categoría tienen entre 8 y 12 años. Además, es bajito de estatura y por eso apela a su velocidad y elasticidad para equilibrar las cosas. Lo definen como ‘porotero’, por su constante ir y venir en toda la cancha. Si hasta el público que acompaña a los chicos de los clubes rivales lo terminan aplaudiendo.

Y es que Jonás se hace querer dentro y fuera del campo de juego. Conversa con quienes no conoce, se hace amigo de los rivales y camina por todos los rincones de los clubes, con esa inocencia propia de un nene de su edad.

Empezó a jugar handball por invitación de su tía, Cintia Abaca, quien compite en la primera división de la Universidad y además es entrenadora. Además, sus primos más grandes también entrenan con él y por eso todo es un juego.

Cintia es la encargada de llevarlo a entrenar y esa constancia fue clave para que Jonás se enamorara de la disciplina. Sucede que a los 3 años había empezado en una escuelita de fútbol, pero como su familia no podía llevarlo a las prácticas con frecuencia, terminó dejando. ‘Me encanta el handball. En la última fecha metí un gol y en la tribuna me regalaron un alfajor’, relató Jonás. Precisamente, fue tal la ternura que despertó, que al festejar el gol pasó junto a unos papás que miraban, alguien lo llamó y ahí mismo le dio ese premio.

Por su parte, su fanatismo es tan grande que cuando termina un entrenamiento cuenta los días para volver a las prácticas, mientras que los fines de semana de competencia se levanta temprano y se queda cambiado hasta la hora de ir a la cancha. Entonces empezará su rito de ir de un lado a otro, haciéndose conocer y querer. Por eso le dicen el mini jugador del pueblo.