Francisco acompañó a su papá en monopatín. Valentín, con su chupete y la mamadera en la mochila, hizo lo propio en un triciclo que fue tirado por su mamá. Mientras que Florencia y Alma se animaron participar con sus tías, pero en patines. Así se vivió ayer la nueva edición de la Aventura Urbana, que tuvo la particularidad de que los chicos corrieron poco, pero participaron sobre ruedas. Además, de las categorías participativas, también hubo algunos que compitieron. Ellos le pusieron velocidad y profesionalidad a la carrera, que se convirtió en un clásico capitalino. Este año participaron 800 equipos compuestos por dos personas.
A las 8, los primeros participantes comenzaron a llegar a la Municipalidad de la Capital. Retiraron sus remeras y empezaron a prepararse para la largada, que estaba prevista para las 10. Así, en menos de media hora, las veredas de la plaza Aberastain se convirtieron en una pista de atletismo, donde los competidores entraron en calor. Entre los corredores profesionales, todos bien lookeados, los chicos fueron los que pusieron la cuota de color. Llegaron abrigados, con gorros de lana y hasta guantes, pero luego de correr copiando lo que hacían los deportistas, los abrigos quedaron colgados en los changuitos.
Tras la cuenta regresiva, la Aventura Urbana arrancó. Entre los papelitos de colores que volaron por el aire y miles de aplausos, los triciclos se abrieron camino entre la multitud. ‘Mi esposa corre con el nene más grande y yo voy con el más chico, que vino en su bici‘, dijo Rubén García, un competidor que corrió por primera vez la carrera. Mientras que Ignacio Ruarte, contó que el año pasado hizo el maratón con su bebé en brazos, pero que ahora optó por traerlo en el triciclo para que no le costara tanto la carrera.
Al principio, los chicos pedalearon a la par de sus papás, pero después de varias cuadras algunos tuvieron que cargar con las bicicletas y los chicos. La parte más complicada fue en el Carrascal, donde las ruedas del monopatín o los rollers se trabaron en los adoquines, sin embargo los padres ayudaron para atravesar esa cuadra. Así, la competencia se vivió entre compañerismo. Lo mismo sucedió en la categoría competitiva, donde los dúos se dieron fuerza para cruzar la meta.

