Sobre una repisa, los esqueletos de madera de un tiranosaurio rex y un triceratop llaman la atención apenas la puerta se abre. Son unos rompecabezas que, a pesar de no tener ningún color, atraen a la distancia. Su creador es Walter Walrond, un sanjuanino que dice ser descendiente de huarpes y alemanes, y que además es carpintero por afición. A pesar de la perfección que tiene el terminado de sus obras, este hombre de 74 años dice que no sabe nada de madera, pero que le gusta sacarle una sonrisa a la gente. Es el encargado de fabricar los juguetes que tendrá la Carpita del Sol que montará el Ministerio de Turismo y Cultura durante las vacaciones de invierno.
Desde el año 1981 se dedica a hacer artesanías en madera. Sus primeros trabajos fueron unos botones, pero sin querer la ayuda de sus hijos lo hizo que se inclinara por los juguetes. Así, con unos muñecos dio sus primeros pasos en productos para niños. Pequeños autos antiguos que ruedan a la perfección y arañas gigantes para colgar en las paredes son otros de sus juguetes para armar. Además creó un trompo que gira por lo menos tres minutos. ’Y que hasta un niño de tres años lo puede hacer bailar’, dijo el hombre. Todos estos juguetes se podrán ver en la Carpita del Sol que estará montada en el Predio Ferial durante las dos semanas del receso invernal.
Hay que esquivar máquinas y montículos de aserrín. El taller de Walter transporta a un mundo de madera donde se pueden ver desde objetos en miniatura hasta grandes creaciones. Es que además de los juguetes, el hombre fabrica bancos, mesas, lámparas y adornos de todos los tamaños.
Sus ojos parecen llenarse de vida cuando habla de su trabajo. ’Es una pasión, y por eso hago lo que me pidan. Lo que se les ocurra he hecho’, dijo con orgullo. Así entre cajas, espejos y marcos de cuadros contó que en su larga carrera de artesano y carpintero Walter fabricó los bastones de mando del ex gobernador Alfredo Avelín y los dos primeros bastones del gobernador José Luis Gioja. Además hizo el altar de la iglesia de San Francisco y el despacho del sacerdote de la Catedral.
Desde su taller en calle Paraguay, en Concepción, el hombre dijo que también hace palos de hockey sobre patines y tacos de pool.
’Este trabajo me trajo las mejores satisfacciones. Además me encanta que mis hijos sigan con la tradición. Ellos tiene un taller en Santa Lucía y heredaron el lado artesanal’, dijo Walter. Además con sus manos curtidas por el constante roce con la madera, contó que también hace diferentes tipos de adornos con espinas, hojas de palmeras, raíces y troncos. Todos estos objetos que tienen una terminación impecable, están a la venta.

