San Juan, 1 de abril.- Dolor más que ninguna otra cosa se ve en sus ojos. Ya pasaron 30 años del comienzo de la Guerra de Malvinas, pero los recuerdos (absolutamente todos) permanecen en su mente intactos, imborrables. Carlos Marcelo Morales fue uno de los casi 300 sanjuaninos que participaron de la gesta.
“Durante el conflicto mi cargo era teniente; mi unidad de combate era el Regimiento 12 de la Infantería General Arenales; mi zona de combate era Darwin Pradera del Ganso. Después de eso fui prisionero de guerra, separado del resto de la unidad y puesto como escudo humano en los barcos de guerra enemigos. Después me trasladan a Nordland, que era el lugar de reunión de prisioneros del Regimiento 12 y desembarco en Uruguay. Me entrega la Cruz Roja al Gobierno Argentino y de ahí pasamos a Argentina”. Así, de esta forma, Carlos comienza a relatar su historia. Una historia que se sabe de memoria, pero que no pudo contar hasta hace un puñado de años. Y es que lo vivido fue tan cruel, tan sangriento, tan difícil de superar, que decidió guardarlo para él. Ni su familia, ni sus amigos. Hasta el 2000, nadie había escuchado de su boca ni una sola palabra de su experiencia en las Islas. “Me encerré. Malvinas no existía”.
Con el correr de los minutos entra en confianza y su relato se vuelve cada vez más estremecedor. “La peor secuela fue el fallecimiento de mi mujer. Ella estaba embarazada de mi hija Soledad cuando le avisan que yo estaba muerto en combate. Allí le agarra diabetes, que después se le complica con otras enfermedades y muere”, dice mientras sus ojos buscan refugio en otra parte.
El hambre sufrido durante el combate también marcó su vida a fuego. “Cuando volví, llegué a pesar 180 kilos. Gracias a las nuevas tecnologías tuve una operación de by pass gástrico. La unidad estuvo bastante mal alimentada, a causa de eso engordé tantos kilos después… Era una zona donde no abastecían mucho de comida. Nos daban una sola comida por día que era un plato de sopa, pero en el valor con el que luchamos eso no influyó”, recuerda y agrega. “Secuelas psicológicas, las tuve todas. El estrés es algo crónico, algo que aparece en distintos momentos de la vida y a través de la contención se consigue frenarlo, pero es algo que va a vivir siempre con uno”, dice ya con algo de resignación, quien aún debe recibir ayuda psicológica para afrontar el día a día.
Morales partió a la guerra con sólo 27 de años de edad y tres décadas después aún no ha vuelto a pisar las Islas. Su motivo es más que comprensible. “Nunca volví porque considero que no debo pedir pasaporte para regresar a territorio propio. Estaría echando por tierra todo lo que hice, todo lo que nuestros hombres defendieron”, expresa contundente.
Este capitalino prosigue con el que quizás sea el tramo más duro de su historia. “Como prisionero de guerra fui torturado y escondido como escudo humano en barcos ingleses, cosa que estaba prohibida. Debido a eso yo estaba como desaparecido y me dieron por muerto en combate. No sabían dónde estaba… Fui torturado, encapuchado, pateado, golpeado. Apuntaban con el arma y disparaban al vacío, me subían a helicópteros pensando que me iban a arrojar al mar”, dice y un silencio escalofriante se apodera del lugar.
Carlos tiene mil y una historias para contar. La más insólita sea tal vez que al regresar de luchar por la soberanía de las Islas, le habían cortado el suministro de energía eléctrica por falto de pago. Indignante por donde se lo mire.
Sabido es que lejos de ser tratados como héroes, el regreso de los combatientes fue duro. Tanto así que el insoportable dolor hizo que muchos decidieran poner punto final a sus vidas. “Fuimos muy relegados. Éramos todos locos”, señala Carlos. “Cuando volvimos nos dieron ropa y armas nuevas. ¿Por qué no nos las dieron en combate?”, se lamenta.
Si bien no duda en afirmar que de ser necesario volvería a pelear por Malvinas, Morales asegura que “la guerra reúne todas las miserias humanas, es lo peor”.
Con respecto a la situación actual de Malvinas, este ex combatiente se refirió a la postura adoptada por Cristina Fernández de Kirchner. “Políticamente, la presidenta está ejerciendo todo el derecho de soberanía que se necesita para reclamar el territorio con los fueros internacionales, aunque me pregunto por qué tan tarde, por qué no lo hicimos antes”, señala y no se da por vencido: “La guerra se pierde cuando se pierde la voluntad de lucha y yo creo que Argentina todavía tiene voluntad de lucha”.

