� Una nebulosa mañana de febrero del 2013, el alemán Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), en la Sala Clementina del Vaticano y ante los cardenales que asistían al anuncio de nuevas canonizaciones, anunció en latín que ‘por el bien de la Iglesia‘ y dada su ‘avanzada edad‘, renunciaba a continuar su ministerio petrino.
‘Después de haber examinado ante Dios mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando’, explicó.