Ayala es el décimo de once hermanos. Nació en la ciudad de Fernando La Mora, a sólo cinco minutos de Asunción de Paraguay. Tener una familia numerosa provocó que el delantero tuviera que hacer algunas cosas que otros chicos a su edad no hacen, como por ejemplo ser albañil para ayudar con dinero a sus padres. “No éramos una familia bien posicionada económicamente. Me tocó trabajar en la construcción durante algún tiempo y lo hice con orgullo. Es algo que a uno le permitió hacerse fuerte ante los desafíos de la vida”, recordó el guaraní, quien está en pareja y que vivirá junto a su familia en pleno centro sanjuanino, justamente en el mismo departamento que habitó Sebastián Penco cuando llegó al Verdinegro.

Más allá de jugar en las calles de su ciudad natal, recién a los 14 años comenzó su carrera de forma federada en el club 6 de Enero. Luego llegaría una propuesta para irse a Ecuador por un año la cual aceptó debido al salario que le ofrecían. Regresó a Luqueño de su país natal y después partió hacia el fútbol de El Salvador donde fue goleador y campeón con el Once Lobos. Luego de tres años, otra vez al Luqueño para ser campeón y así dar el salto soñado al fútbol argentino para recalar en Tigre, donde rindió muy bien y se habló de un paso al fútbol alemán para recalar en el Hertha de Berlín, algo que no ocurrió.

“El fútbol me ha permitido darle a mi familia una mejor calidad de vida. Jamás olvido de dónde vengo. En casa todos debíamos dar lo mejor de cada uno. Muchas veces me tocaba quedarme para hacer cosas en casa, mientras mis padres iban a trabajar”, subrayó.

Una manera de seguir mejorando el pasar económico de su familia pasa por la idea de Ayala de colocar cerca de su casa una estación de servicio. “Me está costando porque hay mucha población y entonces no hay un predio para hacerlo. Pero espero concretarlo muy pronto”, cerró.