Los frecuentes accidentes de tránsito que se registran en nuestras calles, por parte de peatones, ciclistas y motociclistas, tienen en la mayoría de los casos un común denominador: la falta de precaución a la hora de transitar por la vía pública, demostrando un total desprecio por la vida.
Lo que en principio suena como un absurdo o con falta de lógica, no es así ya que a diario se observa como la gente arriesga sin sentido su propia vida con maniobras, actitudes o conductas que en nada contribuyen con la seguridad en el tránsito. A los casos de los peatones que cruzan imprudentemente la calle a mitad de cuadra o pretenden pasar por delante de un automotor cuando el semáforo no los habilita, se suman los de los ciclistas que no se detienen al llegar a una esquina, cruzan con semáforo rojo o haciendo "zigzag” entre automóviles.
Pero hay otras situaciones de mayor riesgo por parte de los motociclistas, tanto en calles urbanas, rurales o rutas provinciales o nacionales. Se ha hecho común que los motoristas desafíen a los automovilistas, ya sea interponiéndose en el carril de circulación sin ir a la derecha o a la izquierda, según corresponda, o enfrentando directamente al vehículo en circulación. Cualquiera de estas actitudes son claras muestras de provocación o desprecio por la vida, de conductores que debido a su inferioridad debería, al menos, protegerse y no exponerse a un alto riesgo.
El sentido de preservación de la vida debe ser inculcado en todo momento. La educación vial no es solo para quien tiene que tramitar la licencia de conducir, sino también para peatones y ciclistas, quienes deben dar cuenta de que están capacitados para circular por la vía pública.
