– ¿Hacer 3 D en el país es arriesgado?
– Fue un formato riesgoso para una producción de mediano presupuesto, pero el riesgo principal fue aprender a hacerla, ya que tuvimos que aprender sobre la marcha, pero por suerte el resultado final nos sorprendió gratamente.
– ¿Se puede competir con los tanques de la industria norteamericana?
– Si de tecnología 3D hablamos, diría que sí, de hecho, en general, ese mercado nos vende películas 2D convertidas a 3D. Es una forma más económica de filmar y vender más cara la entrada. En el caso de Necrofobia, es una película pensada y rodada en formato tridimensional, por lo que la experiencia es muy superior. Filmar en 3D puede complicar todo…
– ¿Dónde radica la complejidad?
– Cambia la forma de encuadrar, hay limitantes concretos a la hora de elegir los planos. Implica, digamos, filmar con dos cámaras al mismo tiempo, que encuadran la misma escena desde ángulos distintos, cada cámara a seis centímetros de la otra (emulando la distancia de nuestros ojos), y filmar con dos cámaras a la vez ya es un incordio, es duplicar las posibilidades de error, de material grabado, de gente, etc. Filmar en 2D y pasar a 3D es menos riesgoso, pero el efecto no es el mismo.
